Inundaciones en Málaga: causas y medidas de prevención

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El investigador Antonio Gallegos Reina, doctor en Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Málaga.

El investigador Antonio Gallegos Reina, doctor en Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Málaga.

En menos de dos meses, la ciudad de Málaga y su litoral han sufrido inundaciones devastadoras. La última tromba de agua ha provocado daños en viviendas, calles anegadas y deslizamientos de tierra en algunos barrios de la capital. No es la primera vez, ni será la última, que el litoral malagueño se ve afectado por el daño que producen los temporales de lluvia. El investigador Antonio Gallegos Reina, doctor en Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Málaga, destaca como causas principales de este grave problema la evolución urbanística, el tipo de suelo y la torrencialidad de las lluvias provocada por el cambio climático.

Antonio Gallegos Reina sostiene que una de las respuestas a preguntas como qué está pasando en Málaga con las inundaciones o por qué las lluvias están provocando numerosos destrozos la aporta la evolución urbanística que ha hecho que la vulnerabilidad y la exposición de la ciudad de Málaga y de la Costa del Sol sea mucho mayor. “Hace tres décadas -explica Gallegos- un temporal así no habría producido más que una crecida sin daños de los ríos y arroyos. En la actualidad, sin embargo, se convierte en un desastre que arrastra coches, inunda áreas industriales o incluso, en el peor de los casos, se lleva por delante vidas humanas”.  Junto a ello, otra de las causas apuntadas por el investigador, aunque a menor escala, es el cambio climático  que está provocando que las lluvias se espacien en el tiempo, pero aumente la torrencialidad. “En regiones mediterráneas o en áreas urbanas importa más la intensidad en el tiempo de la lluvia que la cantidad total de precipitación”, indica el investigador.

A esto se suma el tipo de suelo, uno de los factores que inciden en que las consecuencias de las lluvias en esta zona sean tan graves. “En Málaga tenemos principalmente suelos delgados y con escaso porte vegetal, lo que hace que no tengan una buena estructura y fijación, y se descompongan y arrastren fácilmente por la escorrentía. Esto da lugar a que el flujo de escorrentía no sea agua, sino una mezcla de agua y suelo que en ocasiones casi podría considerarse barro, y que hace mucho más dañinas las inundaciones”, resalta Gallegos. Hay que tener en cuenta, igualmente, la geomorfología de la provincia, con sierras abruptas muy cercanas a la costa y con una estrecha llanura aluvial (también llamada vega o valle de inundación), lo que hace que el pico de crecida del caudal de los arroyos sea muy rápido, y que la zona inundable, la llanura litoral, esté densamente ocupada.

La última tromba de agua fue muy intensa en la capital malagueña. Las estaciones de la AEMET registraron precipitaciones de 152,5 litros por metro cuadrado en el Puerto de Málaga. El agua provocó algunos deslizamientos de tierra que causaron el desprendimiento de una ladera en la barriada de Cerrado de Calderón. “Un deslizamiento de tierra no es otra cosa que un ajuste de la ladera a un perfil de equilibrio que permita que, en un futuro, sea más estable. El problema surge cuando urbanizamos zonas muy susceptibles a estos deslizamientos, como es este caso”, explica el experto. “Volvemos a los conceptos de exposición y vulnerabilidad. No tendría que haberse permitido la urbanización de esta zona, o en cualquier caso tendría que haberse hecho con más inteligencia y respetando los ejes de escorrentía, como el que ha provocado el socavón del que estamos hablando”, añade.

Son zonas vulnerables aquellas que cuentan con pendientes acusadas y terrenos arcillosos, que retienen mucha agua. “Las macrourbanizaciones que se han edificado en los últimos años en las laderas de las sierras litorales, como es el caso de Parque Victoria, en Rincón de la Victoria; Santángelo Norte, en Benalmádena, o Colinas del Limonar, en Málaga, serían difícilmente justificables si se hubieran considerado criterios de ordenación territorial”, argumenta Gallegos Reina.

Para este experto de la Universidad de Málaga, se tendrían que tener en cuenta los riesgos y la geomorfología del terreno a la hora de ubicar viviendas o de construir calles o carreteras como exige la legislación, si bien “en la práctica no es así”.  Los mapas de riesgos naturales deberían ser completamente vinculantes para el proceso de urbanización, y no incluirse como “un mero adorno” para los planes parciales o los planes generales de ordenación urbanística. “El problema está -explica el investigador- en que seguimos confiando en las medidas ingenieriles para salvar cualquier proyecto urbanístico, a pesar de que constantemente demuestran su ineficacia. Tal ha sido el caso del socavón abierto en Cerrado de Calderón. Supuestamente la sujeción de la ladera cumplía los requisitos ingenieriles establecidos, pero el resultado no ha sido el esperado, y podría haber sido mucho peor si hubiese arrastrado viviendas o si los ocupantes del coche sorprendido por el deslizamiento hubiesen corrido peor suerte”.

Otro hecho a tener en cuenta es por qué se colapsan y desbordan los arroyos y ramblas. “La respuesta a esta pregunta podría ser muy amplia, pero la resumiremos destacando la causa principal: las formas de relieve de estos arroyos responden a una evolución natural durante cientos o miles de años, construyéndose un perfil de equilibrio que permite la evacuación más óptima del agua. Ahora bien, si en un lapso de apenas unas decenas de años impermeabilizamos el territorio (aumentando la escorrentía) y modificamos y estrechamos los cauces, alterando dicho perfil de equilibrio, la respuesta no puede ser otra que un reajuste brusco, con deslizamientos y arrastre de sólidos, y desbordamientos en zonas donde nuestros abuelos nunca vieron inundación alguna” explica detalladamente el investigador.

La costa malagueña no es la única zona riesgo. “El litoral mediterráneo reúne una serie de características, tanto físicas como humanas, que lo convierten en una región-riesgo”. Entre los condicionantes del medio físico destacan la torrencialidad pluviométrica, el relieve de las sierras litorales muy próximas a la costa y la ausencia de vegetación, factores que permiten un intenso arrastre de suelos. Y los condicionantes del medio antrópico son principalmente la intensa e histórica ocupación humana, ya sea por la agricultura, por el turismo o el crecimiento residencial”.

Investigación al servicio de la prevención

Resultado de su trabajo e investigación en el ámbito de la Geografía y la Ordenación del Territorio, Antonio Gallegos ha desarrollado una metodología para mejorar la predicción de inundaciones en el litoral mediterráneo que incorpora, de manera cuantitativa, aspectos especialmente significativos en el litoral mediterráneo, como los deslizamientos de tierra o la cuantificación de la pérdida de suelo que se produce en los eventos tormentosos. También tienen en cuenta las áreas causales, y no solo las receptoras de peligrosidad. Esto es, en la ordenación territorial o urbanística no solo deben conocerse las áreas donde se va a producir la inundación, sino también aquellas otras que van a causarla.

A día de hoy no se aplica. “Se presentó en septiembre de 2015, y en este año y medio por desgracia se ha puesto de manifiesto, con dos graves inundaciones, la necesidad de actuar preventivamente con nuevas metodologías. Pero en lugar de ello los ayuntamientos y restantes administraciones siguen repitiendo los mismos discursos de toda la vida: pedir indemnizaciones económicas y repetir las mismas infraestructuras de ingeniería que vienen demostrando su ineficacia”, lamenta.

A su juicio, la ciencia y la investigación pueden ayudar en cuestiones tan importantes como la prevención de desastres naturales. “Pueden permitirnos conocer el funcionamiento natural de las cuencas fluviales o del territorio en general, indicándonos con ello las pautas de gestión necesarias. Ahora deben tomar el relevo las administraciones para llevar a cabo dicha transferencia de la investigación a la sociedad. Pero me temo que esta transferencia no se está produciendo, derrochando un caudal de conocimiento y presupuestos públicos que ninguna sociedad que se considere avanzada debería permitirse desaprovechar”, defiende.

Del conocimiento a la acción

Entre la serie de medidas a tomar para prevenir este tipo de desastres, Gallegos destaca, en primer lugar, la realización de planes de acción específicos por región. No son las mismas causas las que provocan inundaciones en una pequeña cuenca litoral, que en una ciudad o que en una gran cuenca fluvial. Planes que podrían incluir varias medidas, como la creación de áreas de inundación preferentes; la revisión periódica de los estudios de inundabilidad a medida que se producen cambios urbanísticos o territoriales; la sustitución de entubamientos y canalizaciones, y la aplicación de técnicas de bioingeniería; la reforestación de las cabeceras de cuencas fluviales; o el establecimiento de pólizas de seguro específicas.

También deberían incluirse aspectos cruciales que no se tienen en cuenta actualmente en los estudios de inundabilidad. “El más importante de todos es la incorporación de residuos sólidos por arrastre de suelos. Se siguen estudiando las inundaciones como flujos líquidos, cuando la realidad nos muestra que es un flujo semilíquido de agua y suelo. Y en ocasiones, también, de restos vegetales y otros elementos sólidos. Esto invalida de entrada todos los cálculos de sección hídrica de los arroyos y de los puentes y entubamientos. Y es por ello que a pesar de trabajar con cálculos estadísticos de 500 años, apenas pasan unos pocos años antes de que dichos entubamientos y puentes se colapsen”, concluye el investigador.