Desarrollan una técnica capaz de evaluar con precisión el rendimiento energético de los sistemas agrivoltaicos en invernaderos
Este proyecto de la Universidad de Jaén, que se enmarca dentro de la mejora de la energía renovable y sostenible, tiene como objeto compatibilizar al máximo la actividad agrícola con la producción de energía fotovoltaica, compartiendo espacio y generando beneficios mutuos.
Fuente: Universidad de Jaén
Investigadores de la Universidad de Jaén (UJA) desarrollan una metodología que evalúa con precisión la tecnología fotovoltaica semitransparente integrada en invernaderos agrícolas. Para ello, han trabajado con un novedoso modelo de APV (sistemas agrivoltaicos) que permite combinar la actividad agrícola con la producción de energía fotovoltaica, compartiendo espacio y generando beneficios mutuos.
Según Eduardo Fernández Fernández, investigador del programa Ramón y Cajal en la UJA y uno de los responsables del proyecto ‘Evaluación energética global del potencial de la energía fotovoltaica para la agricultura de invernadero’, este trabajo se puede considerar como el primer estudio global sobre el rendimiento energético de los sistemas APV para aplicaciones agrícolas cerradas. “Se trata, en definitiva, de instalar modos fotovoltaicos encima de las plantas sin que ello comprometa la productividad de los cultivos. Las preguntas que nos hemos hecho entonces es qué porcentaje de fotovoltaica se puede instalar, dónde y cuáles son los beneficios que ofrece”.
Entre los beneficios identificados, Fernández apunta desde la regulación de la temperatura del suelo, que implica que se evapore menos agua; a una mayor protección del cultivo contra granizos y tormentas, o al aumento de la eficiencia del uso del suelo. Otro de los beneficios que ha quedado demostrado es que los sistemas de APV pueden ayudar a reducir el efecto invernadero, lo que podría favorecer una disminución de la energía en los meses más cálidos; así como su contribución a aumentar la eficiencia hídrica en regiones áridas o semiáridas.
Para llevar a cabo este estudio, han introducido un novedoso modelo de APV dual, que se ha proyectado sobre cuatro localizaciones con una alta presencia de invernaderos (El Ejido (España), Pachino (Italia), Antalya (Turquía) y Vicente Guerrero (México) y la selección de 15 cultivos de plantas de gran importancia, desde el punto de vista socioeconómico. Las conclusiones son representativas de lugares con una alta penetración de invernaderos y con condiciones favorables para la implantación de la tecnología fotovoltaica.
Este proyecto se enmarca dentro de los últimos informes de las Naciones Unidas (ONU) y el Panel Internacional para el Cambio Global (IPGC) [2] para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Con el fin de hacer frente a este y otros desafíos ambientales, la comunidad internacional ha adoptado una serie de medidas orientadas a la mejora de la energía renovable, sostenible y asequible como uno de los principales instrumentos para reducir las emisiones de gases a la atmósfera.
En este escenario, la tecnología fotovoltaica (FV) se ha posicionado como una fuente de energía ideal para alcanzar estos objetivos. A nivel europeo, la Agenda 2030 propone la instalación en los próximos diez años de algo más de 200 GW. En España esta cantidad se situaría alrededor de los 30 GW, es decir, el equivalente a dos veces el área de cultivos de invernaderos de Almería.
El estudio indica que se están desarrollando en todo el mundo diferentes proyectos demostrativos y técnicas de modelización para investigar diferentes tecnologías fotovoltaicas y configuraciones de sistemas que no comprometan la productividad de los cultivos para cada aplicación concreta.
Junto a Eduardo Fernández, han colaborado también en el proyecto “Evaluación energética global del potencial de la energía fotovoltaica para agricultura de invernadero”, los investigadores Antonio Villar-Fernández, Jesús Montes-Romero, Laura Ruiz-Torres, Pedro M. Rodrigo, Antonio J. Manzaneda y Florencia Almonacid.
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