Personas con discapacidad intelectual mejoran su percepción visual y espacial gracias a un aprendizaje más expresivo
Fuente: Universidad de Córdoba

El profesor Alós, al fondo, señala un objeto para que una persona lo ubique visoespacialmente, en una simulación del experimento
En una mesa están dos sujetos frente a frente y sobre ella, una pelota y un bolígrafo. Uno solicita al otro que le señale el objeto que está a la derecha del peticionario. Hay personas con discapacidad intelectual y puntuaciones muy bajas en los tests de inteligencia que no sabrían cuál de los dos objetos es. No es sólo la ausencia de una habilidad visual y espacial básica, también indica que el interlocutor no es capaz de ponerse en la piel del otro. Ahora, a partir de una tesis doctoral defendida recientemente en la Universidad de Córdoba (UCO), se ha desarrollado una metodología que permite a estos individuos aprender esta destreza tan necesaria para la vida cotidiana.
La inteligencia visoespacial, pensar en tres dimensiones y percibir en qué lugar te encuentras entre los objetos que te rodean, se desarrolla en las etapas más tempranas de la vida, desde los seis primeros meses. Sin embargo, hay gente que no adquiere por sí misma esta habilidad e identificar y comunicar el lugar preciso de un objeto es una tarea hercúlea. “Es una tarea muy compleja para personas con discapacidad intelectual grave que no tienen la capacidad para discriminar los objetos en relación con su propio cuerpo”, explica Francisco Alós, responsable de la unidad de atención psicológica de la UCO y director de la tesis, defendida por Daniel Falla.
Si es complejo para estos individuos determinar si algo está lejos o cerca de ellos, o a su izquierda o a su derecha, la dificultad se incrementa si tienen que ponerse en el lugar de otra persona, por ejemplo, la que tienen delante. “Esta capacidad cognitiva está relacionada con la empatía, percibir lo que otro puede sentir, y está generalmente limitada en trastornos como los del espectro autista”, indica Alós.
La propuesta
Los investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba partían con la idea de que a través del aprendizaje se pueden adquirir estas habilidades espaciales y visuales y así producir mejoras para reducir este déficit cognitivo. Para ello, desarrollaron un procedimiento que debían aprender diferentes personas con discapacidad. Esta metodología está orientada para ser empleada por parte de los terapeutas. Para comprobar si funcionaba, se seleccionaron individuos, tanto hombres como mujeres, mayores de 25 años y todos usuarios del centro de día ocupacional de la Fundación Promi, de Córdoba.
En fases iniciales, los psicólogos de la UCO pulieron el procedimiento y, finalmente, seleccionaron a seis personas para realizar la última parte del experimento. A estos sujetos se les solicitó que diferenciaran cosas situadas cerca o lejos y entre derecha e izquierda, tanto desde su propia perspectiva como desde la perspectiva de la persona que tenían delante, que actuaba de peticionario. Situados en una mesa, el investigador hacía dos tipos de requerimientos: “Señala el objeto que está a mi derecha” y “¿dónde está el objeto?”. “El primer tipo de pregunta es de lenguaje comprensivo y el segundo es expresivo. En el caso del lenguaje comprensivo, es más básico y el primero que se aprende, generalmente a los meses de vida”, explica Alós. Los científicos observaron que los sujetos habían aprendido con esta metodología dicha habilidad, tanto desde su punto de vista como del otro. Los resultados han sido publicados recientemente en la revista científica Behavioral Interventions.
Lo habitual es que los bebés aprendan primero el lenguaje comprensivo y en terapia a las personas con discapacidad se les suele enseñar las dos formas de lenguaje. Sin embargo, a la luz de sus resultados, desde la UCO se propone dar la vuelta a este planteamiento. “Hemos observado que, si se enseña sólo el lenguaje comprensivo, es más difícil y costoso que se transfiera la enseñanza al lenguaje expresivo. Sin embargo, si se hace al revés, y se muestra a las personas a reconocer espacios respecto a su propio eje con lenguaje expresivo, éstas adquieren también este conocimiento en el lenguaje comprensivo sin la enseñanza explícita de este último”, concluye Alós. Estas habilidades espaciales podrían estar en la base y ser precursoras, piensa el investigador, para que la persona con discapacidad adquiera posteriormente rasgos empáticos.
Daniel Falla and Francisco Alós, ‘Contextual control in visuospatial perspective-taking skills in adults with intellectual disabilities’.Behavioral Interventions. 31: 44-61 (2016). doi: 10.1002/bin.1435
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