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Un estudio de científicos granadinos revela los tóxicos que puede haber en tu ropa

Derivados del petróleo con antimanchas, antiarrugas, antiolor, repelentes de agua y grasa, ignífugos… ¿Sabemos qué efecto tienen en nuestra salud los tejidos que llevamos encima? Un estudio reciente en el que ha participado Nicolás Olea del Instituto de Biomedicina de Granada ha analizado el impacto en la salud de los adolescentes de los PFAS (perfluocarbono) y ha puesto de manifiesto que interfieren con el funcionamiento de la glándula tiroidea.

 

 

Fuente: ibs.GRANADA


Granada |
19 de diciembre de 2023

“¿Dónde nos han metido?”, se pregunta indignado el profesor Nicolás Olea, investigador responsable del grupo A-15 Oncología Básica y Clínica del ibs.GRANADA y catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada. En los últimos 30 años sus estudios se han dedicado a sacar de debajo de la alfombra una realidad incómoda. No nos gusta verla, pero está ahí de todos modos. Los tejidos que nos rodean están cargados de químicos tóxicos.

Camisas antiarrugas, uniformes de colegio antimanchas, ropa de bebé antimicrobiana, tejidos deportivos antiolor, sábanas ignífugas, forros polares repelentes de agua… “Todas las cualidades milagrosas del textil no se consiguen con una jaculatoria a la Virgen del Carmen. No están en la estructura de la fibra, están en los añadidos, que pueden ser altamente peligrosos“, advierte a Público este experto.

Compras

 Lo expertos recomiendan comprar tejidos como el algodón, que no sean sintéticos, de colores naturales, lavar la ropa antes de usarla y pasar la aspiradora.

Y como son añadidos, eso significa que también se pueden desprender. Es lo que sucede cuando los metemos en la lavadora. Todos esos químicos van por los desagües y eluden los filtros de las plantas de tratamiento —que no están preparados para interceptarlos—.

Pero no solo afectan a esos peces que tienen que convivir con las fibras textiles a cientos de kilómetros de la casa donde acabas de estrenar un pijama nuevo de poliéster. También son absorbidos por el cuerpo humano.

Hasta en la placenta y en la leche materna

Ocurre con el formaldehído, que es mano de santo para que la ropa no se arrugue. Según investiga el Laboratorio de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universitat Rovira i Virgili, puede ser causa de dermatitis de contacto alérgica. Y eso no es lo peor. Cuando sudamos, estos compuestos pueden disolverse y penetrar en la piel. De ahí a la sangre y más allá.

Están en todas partes, incluida la ropa de bebé y de embarazada. Quizá por eso se han hallado concentraciones elevadas de bifenilos policlorados y de PFAS —sustancias perfluoroalquiladas— en placentas humanas, en sendos estudios publicados el mes pasado en Environmental Research y en Reproduction Toxicology. Se almacena en los tejidos grasos y de ahí no se mueve.

Muchos de ellos se consideran contaminantes eternos, porque ni se degradan ni se eliminan con la orina. Entre ellos, los temibles PFAS —excelentes antimanchas—, sobre los que empiezan a salir a la luz cada vez más estudios toxicológicos.

Uno de ellos, con la participación de Olea y otros investigadores, como la directora del Centro Nacional de Salud Ambiental del Instituto de Salud Carlos III, Argelia Castaño, analiza su impacto en la salud de los adolescentes. Los PFAS (perfluocarbono) interfieren con el funcionamiento de la glándula tiroidea, productora de una hormona esencial para regular el crecimiento y el metabolismo.

Y es que nuestra ropa lleva de todo. Hasta metales pesados, como el antimonio —catalogado como probable cancerígeno por la Agencia de Investigación del Cáncer y usado en tejidos de poliéster—, que, por cierto, se ha hallado en la leche materna. Así lo demuestra un estudio liderado en 2023 por la doctora en Ciencias Ambientales e investigadora de la Universidad de Granada Carmen Freire.

Incluso hay compuestos, como el tinte Acid Black 10, usado en estampados y cuero, que resulta dañino para las células a nivel genético: ataca el ADN, como demuestra un trabajo brasileño recogido en la revista científica Chemosphere.

Qué podemos esperar de los derivados del petróleo

Saber qué composición lleva la ropa que acabas de comprar no es nada fácil. Las etiquetas solo están obligadas a mostrar de qué fibra está fabricada, pero no qué aditivos lleva. Algo puede ser 100% algodón y, aun así, estar cuajado de PFAS o retardantes de llama, ambos relacionados con cáncer y alteración de los sistemas hormonal y neurológico, entre otros, como denuncia un estudio de la Universitat Rovira i Virgili.

De todos modos, Olea apunta a que “el algodón siempre será un punto de partida mejor que las fibras derivadas del plástico-petróleo”, de las que está hecho ese forro polar tan cómodo y calentito que llevas puesto.

“Toda la ropa sintética proviene del petróleo: el polietileno, la poliamina, el nylon, el polipropileno…”. Estos, a su vez, están cargados de aditivos.

Como muestra, el Centro de Salud Medioambiental de California ha detectado altos niveles —excedían 19 veces el límite de seguridad establecido en California— de bisfenol A (BPA) en calcetines y sujetadores deportivos de spandex-poliéster de marcas como Nike, Champion, New Balance y Fruit of the Loom.

Lo mismo ocurre con ropa de niños de marcas como Shein o AliExpress, analizada en otra investigación: estaba sobrada de PFAS, plomo y ftalatos.

¿Qué podemos hacer?

En Europa, la estrategia de la UE para la sostenibilidad sobre químicos subraya “la necesidad de eliminar gradualmente los PFAS, limitándolos a aquellos usos que sean considerados esenciales para la sociedad”, según explica el documento Los químicos que nos rodean, publicado el año pasado por el Miteco. Ya se han prohibido algunos, pero quedan muchos más. Unos 4.700 tipos distintos de PFAS, para ser exactos.

Mientras, Olea recomienda comprar tejidos naturales, de colores naturales, lavar la ropa antes de usarla y pasar la aspiradora. “En la casa del siglo XXI ya no se puede barrer, porque eso levanta las microfibras que se depositan en el polvo doméstico, inhalables y altamente tóxicas, como rayón, polietileno y poliamida”, advierte.

Pero, lo más importante no es nada de eso. “Como ciudadanos, tenemos el deber de reclamar que se tomen medidas”, afirma. ¿Vamos a dejar que nuestros hijos crezcan y padezcan en un mundo en el que hasta sus pijamas son de plástico tóxico?


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