España, un paraíso para los ‘cazadores de eclipses’
La Península Ibérica disfrutará de dos eclipses totales de Sol en dos años, tras más de un siglo de espera. Solo faltan seis meses para el primero. España se convierte así en la nueva reserva de los ‘safaris de eclipses’; los apasionados de la astronomía son capaces de recorrer miles de kilómetros para observar estos esquivos espectáculos naturales.
Fuente: Agencia Sinc
La última vez que España acogió un eclipse total de Sol, que atravesó la Península Ibérica desde Oporto hasta Gijón, fue en 1992, hace ya más de un siglo. Los escasos segundos que duró su totalidad fueron suficientes para congregar turistas y astrónomos nacionales y extranjeros. El fenómeno se documentó con el entonces novedoso cinematógrafo. Se espera que en 2026 y 2027 se produzca un espectáculo astronómico similar.
Cada observación de un eclipse siempre ha supuesto una oportunidad única para generar conocimiento. Lo fue en el año 968, cuando el historiador bizantino León el Diácono documentó por primera vez la corona solar desde Turquía. O en 1868, cuando el astrónomo francés Jules Janssen descubrió el helio en un eclipse total en India. Y especialmente en 1919 cuando una iniciativa británica observó el mismo eclipse desde dos puntos diferentes del planeta para probar la teoría de la relatividad de Einstein.
“Los eclipses fueron una herramienta básica para dilucidar misterios científicos hasta principios de los 60. Ya no. Ahora podemos salir al espacio, pero todavía quedan cosas por estudiar en los eclipses”, explica a SINC Alejandro Sánchez de Miguel, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).
El misterio de la corona
Tal era la importancia de estudiar los eclipses que, en plena Guerra de Independencia estadounidense, el profesor Samuel Williams de la Universidad de Harvard consiguió el permiso para cruzar el frente y observar el eclipse de 1780 desde el lado británico. Entonces, estudiar un eclipse podía reducirse a una –o ninguna– oportunidad en la vida.
Anécdotas sobre la ‘caza’ científica de eclipses hay muchas. ¿Qué buscaban estos intrépidos académicos? Uno de los objetivos siempre fue el estudio de la corona solar. En condiciones normales, la potente luz del astro rey oculta el tenue brillo de su atmósfera exterior o corona, por lo que solo era posible estudiarla durante la oscuridad de un eclipse. Al menos así fue hasta 1931, cuando el físico solar francés Bernard Lyot inventó el coronógrafo, un instrumento para ‘generar’ eclipses artificiales.
Muy recientemente –en 2023– un coronógrafo moderno equipado en la sonda Solar Orbiter de la ESA se alineó con la sonda Parker de la NASA para recrear esas condiciones de eclipse en el espacio y estudiar la corona solar. Toda una coreografía cósmica que todavía no ha resuelto por completo el misterio de la temperatura de la corona, mucho mayor que en la superficie solar.
Ciencia en los eclipses
Quizás el próximo eclipse sea una oportunidad de avanzar en el mismo misterio a través de la ciencia ciudadana. Desde el Instituto de Astrofísica de Canarias realizarán un experimento popular para fotografiar la corona a lo largo de toda la banda del eclipse desde telescopios de aficionado.
“Combinando las imágenes podremos estudiar la zona más cercana a la superficie solar, que a veces no es posible registrar ni con los instrumentos actuales más potentes”, adelanta el astrofísico Alfred Rosenberg del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
Otras líneas de trabajo interesantes sobre eclipses podrían ser las bandas de sombra, los efectos de los eclipses a escala biológica, meteorológicos y sociológicos. “Incluso es un buen momento para localizar algunos asteroides”, propone Alejandro Sánchez del IAA-CSIC.
Cazadores de eclipses modernos
Igual que los científicos, los actuales cazadores de eclipses también son capaces de recorrer miles de kilómetros para observar estos esquivos espectáculos naturales. Aunque ahora los objetivos son otros: principalmente el astroturismo y la divulgación de la ciencia.

Eclipse en 2019 desde el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de Chile. / Frank Rodríguez
“Cualquier evento, desde la Super Bowl a la final del mundial de fútbol, se queda corto al lado de un eclipse total de Sol. Son los fenómenos que producen las migraciones temporales humanas más grandes del planeta”, señala el astrofísico Alejandro Sánchez.
El Gobierno estima que en agosto llegarán entre 5 y 10 millones de personas a España para disfrutar del eclipse. Uno de ellos será Alejandro Arroyo, el autodenominado cazador de eclipses chileno, que calcula que ya habría llegado a la Luna si sumara las distancias que ha recorrido para observar 23 eclipses por el mundo. Aunque alguno duró solo medio minuto.
“Aprendes a dar valor a esos segundos. Además, el viaje es toda una experiencia cultural, gastronómica y personal. El Sol te obliga a llegar a lugares como Siberia, que jamás en mi vida hubiera visitado”, reconoce este productor cultural chileno.
De expedición a safari al Sol
En el ranking mundial de perseguidores de eclipses se cuela un divulgador canario a solo dos eclipses del ‘cazador’ chileno. Frank A. Rodríguez fue uno de los pioneros de la educación astronómica en Gran Canaria con su empresa de astroturismo.
“Mis primeros eclipses fueron de carácter particular. Luego guiamos grupos con la empresa e incluso nos unimos a expediciones con universidades y centros de investigación”, explica.
El educador astronómico rememora algunos de sus viajes más llamativos: un eclipse en Zambia (2001) protegido de elefantes y leones por los guardaparques, otro en la frontera entre Egipto y Libia (2006) junto a una zona minada y uno en el desierto de Gobi a 50 grados (2008). Tanto Rodríguez como Arroyo incluso tomaron vuelos chárteres para ver eclipses, y ‘alargaron’ esa observación unos segundos más al ‘perseguir’ el Sol.
Cuenta atrás para el día E
Ahora el fervor por los eclipses se centra en España por tres años consecutivos, pero la preparación es desigual. Muchos astroturistas ya reservaron hace años, mientras que otros aún no se han informado. Alejandro Arroyo incluso exploró en agosto de 2025 la zona cero del próximo eclipse –en un verano marcado por los incendios– para elegir el lugar adecuado. No fue el único.
“En el Parador de Sigüenza una conocida agencia de astroturismo quiso reservar para 700 personas ya en 2021. No pudo hacerlo con tanta antelación y al final reservó en 2023. Tres años antes. Esto se trabaja con años de antelación, porque el eclipse no se va a retrasar ni un segundo”, alerta Alejandro Arroyo.
Los cazadores de eclipses han sido testigos del caos que puede generar un evento de esta magnitud. Por eso animan a evitar improvisaciones y desplazamientos innecesarios: “la gente del sur de España no necesita desplazarse en 2026, el norte ya estará colapsado. En el sur, el eclipse se podrá disfrutar también como parcial, pero el próximo año ya será total”, explica el cazador chileno.
Historia viva de España
Para muchos, los eclipses totales de Sol marcan un antes y un después incluso en la propia historia de la ciencia en España. Detrás del desarrollo del Observatorio de la Cartuja, del Observatorio del Ebro e incluso del impulso definitivo al Instituto de Astrofísica de Canarias hubo eclipses totales de Sol. Fueron el germen de la astrofísica de nuestro país.
“Hasta a Ramón y Cajal le llamó más la atención la ciencia a raíz de un eclipse total de 1860 y eso está bien documentado”, recuerda el astrofísico Alejandro Sánchez.
Es difícil imaginar los efectos que tendrán los próximos eclipses totales de Sol. Será la primera oportunidad para toda una generación, especialmente en las zonas rurales, y para Alejandro Arroyo, otra ocasión de repetir una sensación muy íntima.
“Los eclipses traen la noche, bajan la temperatura y cambian las mareas. Nos recuerdan que los seres humanos somos ínfimos, por mucho que tratemos de someter la naturaleza”, concluye.
Imagen de portada: Eclipse en 2019 desde el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de Chile. / Frank Rodríguez
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