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ANA GUIL, CATEDRÁTICA DE LA HISPALENSE Y EXPERTA EN GÉNERO: «HAY MUCHO QUE HACER PARA QUE LA MUJER PASE DE SER OBJETO A SUJETO DEL CONOCIMIENTO»


19 de marzo de 2009

Fuente: Andalucía Investiga-J. García Orta

Pregunta (P.-) ¿Cree que se investiga suficiente sobre la cuestión de género y de mujer en la ciencia?

Respuesta (R.-) En absoluto, se investiga poquísimo. Todavía existe mucho desconocimiento y mucha desinformación. No se conocen datos y cuando se hace, la verdad es que impresiona ver el número de mujeres que superan a los varones en cantidad y calidad de formación universitaria e, incluso, a nivel de doctorado. Sin embargo, las instituciones científicas parecen ignorarlo a la hora de contratar a su personal. Hay muchas becarias, pero el número de mujeres empieza a disminuir conforme se escala en la categoría de los puestos.

(P.-) Un fiel reflejo de esta situación es que el porcentaje de mujeres que ocupa cátedras es mínimo frente al de hombres. ¿A qué se debe esta distancia?

(R.-) La construcción de la realidad, en general, y del conocimiento académico que se hace desde el mundo científico, desde sus orígenes, ha estado impregnada de una visión absolutamente androcéntrica. Aunque la mujer ha estado presente de manera individual desde siempre, hasta 1910 no llega formalmente su acceso legal a la universidad. Entonces, el mundo académico y científico se ha construido de forma paralela a la sociedad, con una visión patriarcal, androcéntrica y bastante misógina. Con esto no quiero decir que los investigadores sean especialmente machistas, sino que son como cualquier otra persona y mientras no tienen conocimiento de los datos, mientras no tienen formación en tema de género, se rigen por como nos han educado a todos.

(P.-) ¿Se prima entonces más a los hombres que a las mujeres a la hora de seleccionar cargos en las instituciones científicas?

(R.-) Pues como resultado de todo esto de lo que hablamos, lo cierto es que a la hora de elegir a personas de responsabilidad, que ocupen cargos, hay un sistema de cooptación en el que los varones se eligen entre ellos y las mujeres quedamos excluidas.

(P.-) Sin embargo, se observa hoy día que existe una mayoría de mujeres en el sector de becarios en las instituciones científicas. ¿Se traducirá esto en un incremento de responsables femeninas?

(R.-) Hay un esquema clarísimo que se repite constantemente. En el sector de los becarios, las mujeres están presentes en un 60 por ciento. Investigadoras en torno a un tercio. Mujeres responsables de grupo son poco más del 10 por ciento. No es que no haya mujeres a las que les guste la investigación, sino que hay una becaria, pero a la hora de dar el puesto de titular, por mil razones, lo obtienen los varones. Hoy día, el canal de escape empieza en torno a la tesis doctoral. En Andalucía un poco antes y en España un poco después. Ahí desaparecen muchas mujeres. Eso coincide también con la edad de casarse y tener hijos, con las dificultades de conciliar vida profesional y personal. Mientras que a los varones no le supone nada de esto. Habría que reeducar a los hombres en la corresponsabilidad.

(P.-) Al vincular mujer y ciencia, quizás una de las primeras imágenes que vienen a la mente sea la de Marie Curie. ¿Se debe esto a un desconocimiento de la historia científica y, especialmente, del papel que las mujeres han jugado en la misma?

(R.-) Sin lugar a dudas. Marie Curie es la que más se conoce y es, además, la única persona que ha obtenido dos premios Nobel. Es de ley que se la reconozca, aunque sea por el apellido de su marido. Ella se llamaba Marie Sklodowska. También su hija, Irène Curie, se dedicó a la investigación junto a su marido. Sin embargo, hay otras muchísimas mujeres a lo largo de la historia de la ciencia. El caso de Hipatia de Alejandría, filósofa, matemática y astrónoma importantísima de la antigüedad, que enseñó por toda la cuenca del Mediterráneo y que murió en Grecia, apedreada por el pueblo enardecido por unos monjes celosos de su saber pagano. Como éste hay muchos otros casos, como el de María la Hebrea, inventora del famoso baño maría; la mujer de Aristóteles, una zoóloga muy eminente; la mujer de Pitágoras, etc.

(P.-) ¿Qué cree que debería hacerse hoy día para impulsar el reconocimiento de la labor científica de las mujeres?

(R.-) Antes de nada, a nivel social, desde los medios, hay que ir cambiando los estereotipos de género que adscriben a las mujeres a los roles tradicionales y a los varones a los roles profesionales. Habría que mostrar imágenes positivas en las que ambos diversifican sus roles y se dedican a una cosa u otra, independientemente del sexo con el que hayan nacido. Las instituciones pueden también hacer mucho con las políticas. Simplemente cumpliendo la ley que tenemos, ya podríamos avanzar mucho, pero a la hora de la verdad, no se hace. La propia Universidad de Sevilla, en los anuarios estadísticos, refleja varones y mujeres en el alumnado, el PAS, etc., pero en investigación en absoluto está la población segregada por sexos.

(P.-) ¿Qué supone esto?

(R.-) Pues supone que no se sabe que hay muchas becarias y muy pocas responsables de grupos de investigación. No se sabe que la mayoría de los créditos los controlan los varones, no las mujeres, al margen de la puntuación que se le otorga a los grupos. Todo este tipo de cosas tendrían que hacerse. Para eso es imprescindible que se impliquen quienes ocupan los cargos de poder y responsabilidad en las organizaciones académicas y científicas. Simplemente que cumplan la ley, que segreguen las estadísticas por texto, que tengan políticas empoderamiento de las mujeres, que circule más información sobre promoción o normativas, que haya más acciones positivas para la mujer. Hay mucho que hacer para que la mujer deje de ser objeto del conocimiento y pase a ser también sujeto del mismo.

(P.-) En su ponencia habló sobre cómo han influido las políticas europea y nacional en materia de igualdad de género. ¿Qué opinión tiene a este respecto?

(R.-) Mi idea es que las políticas científicas europeas no han surgido por una cuestión de equidad, de justicia, sino simplemente por la presión de la excelencia y en el momento en el que han constatado que los mejores expedientes los tienen las chicas. A esto se le unen las denuncias de sexismo en la evaluación de los currículos académicos de las mujeres, que han llegado hasta la revista Nature. En un artículo, dos investigadoras suecas llamaron la atención sobre el sexismo que se daba en la evaluación por parejas, que las mujeres tenían que tener un currículo mejor al de los varones para ser puntuadas igual.

Más información:

Ana Guil Bozal
Dpto. Psicología Social
Universidad de Sevilla
Tlf: 954 55 77 03
Email: anaguil@us.es


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