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Cómo afectan los factores climatológicos a la producción de la fresa


17 de junio de 2013

Fuente: Universidad de Huelva (UCC+i)

Cultivo de fresas

España es el segundo productor mundial de fresa, concentrando en la provincia de Huelva alrededor del 90% de la explotación. /UHU.

Después de Estados Unidos, España es el segundo productor mundial de fresa, concentrando en la provincia de Huelva alrededor del 90% de la explotación de este cultivo microclimático que se extiende por casi todo el mundo.

La consideración de las explotaciones comerciales de fresa en la localidad de Moguer como uno de los mejores espacios de producción fresera en España, así como el impacto del cambio climático en estas plantaciones en las últimas décadas, ha llevado a los profesores Fátima Martínez, de la Universidad de Huelva y Pedro Palencia de la Universidad de Oviedo, junto con otros compañeros a estudiar la relación entre los factores ambientales y la eficiencia de la producción de fresa y evaluar el efecto de las variaciones en la temperatura y la radiación solar, así como la duración del ciclo de cultivo.

En agricultura, los factores ambientales como los cambios relativos de temperatura, precipitación y radiación UV-B, son las variables que condicionan el éxito de cualquier cosecha, pues influyen en el crecimiento y desarrollo de las plantas. Por ello, los investigadores que han participado en este trabajo, seleccionaron campos de producción comercial de fresa en la provincia de Huelva en los que analizar la variedad ‘Camarosa’ en las diferentes temporadas entre 2003 y 2006. En este sentido se establecieron dos periodos diferentes en la temporada de cosecha: una primera temporada fría entre enero y marzo, caracterizada por bajas temperaturas y alto grado de humedad relativa, y una temporada tardía más cálida entre abril y mayo, con temperaturas altas y baja humedad.

Tras la recolección y análisis de los frutos, determinaron que la fresa de la primera etapa fue clasificada como fruta de primera clase, con gran calidad y con buenas características de color y forma para esta variedad, mientras la segunda, obtuvo los requerimientos mínimos pero no fue incluida en la categoría de fruta de primera clase. Los datos obtenidos de los análisis fueron correlacionados con los datos climatológicos obtenidos de la estación meteorológica localizada a tan solo 3 km de las explotaciones, lo que muestra una relación directa entre el rendimiento y la temperatura, y entre la radiación solar y el rendimiento.

Las altas temperaturas incrementan la absorción de vapor de agua del aire y, consecuentemente, provocan la demanda de más agua. Un alto índice de evapotranspiración puede minimizar y disminuir las reservas de agua de la tierra, lo que según esta publicación, no reduce la productividad del cultivo, pero sí acelera la maduración de la fruta, suponiendo cambios morfológicos, anatómicos, fisiológicos e incluso cambios bioquímicos en las plantas, y como consecuencia afectar el crecimiento y desarrollo de diferentes órganos de las plantas.

Según los profesores Martínez, Palencia y compañeros, las estimaciones obtenidas sugieren que «la producción de la variedad de fresa ‘Camarosa’ puede verse afectada por los cambios climáticos, debido a la relación entre la cosecha y la temperatura, un incremento de la temperatura daría por resultado un aumento en la producción temprana y reducciones en la cosecha total y dar lugar a reducciones en la duración del ciclo de cultivo«.

La fresa, extensamente cultivada en el mundo entero, es una especie susceptible a la adaptación microclimática, ya que su comportamiento morfoagronómico está influenciado por el agro-entorno del área de cultivación. Así, incluso si los métodos de producción empleados son eficientes, en condiciones ambientales diferentes necesitan optimización para reducir sus necesidades de recursos y aumentar la calidad de las fresas disponibles en el mercado. Determinadas estrategias fisiológicas y agronómicas, como sistemas de cultivo diferentes, podrían hacer disminuir los efectos de los cambios climáticos sobre la producción de cosecha y la calidad de alimentos y así, alternativas que controlen los cambios de temperaturas y los patrones de precipitación y la frecuencia e intensidad de los cambios climatológicos extremos, permitirían a los productores a minimizar las pérdidas en la cosecha.


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