Demuestran que la preocupación por el medio ambiente y el ecosistema social tiene el mismo peso que la rentabilidad económica
Un estudio de la Universidad de Córdoba revela las motivaciones del sector agrícola andaluz para adoptar prácticas ecológicas en una tierra que concentra el 50% de este tipo de cultivos a nivel nacional.
Fuente: Universidad de Córdoba
Un estudio de la Universidad de Córdoba revela las motivaciones del sector agrícola andaluz para adoptar prácticas ecológicas en una tierra que concentra el 50% de este tipo de cultivos a nivel nacional.
Entre los objetivos que se ha marcado para 2030, la Unión Europea tiene el de lograr que una cuarta parte de las tierras agrícolas se cultiven con prácticas ecológicas u orgánicas. En esta carrera, Andalucía lleva una notable ventaja: más del 50% de la agricultura ecológica española se concentra en el sur, por lo que sus tierras son consideradas un laboratorio para el desarrollo de políticas de fomento y promoción de estas prácticas. Hasta el momento, sin embargo, no se habían estudiado a fondo las motivaciones que llevan a elegir prácticas ecológicas por encima de otras. Un equipo de la Universidad de Córdoba se lo ha preguntado a alrededor de 200 agricultores y agricultoras y ha llegado a una conclusión: las motivaciones morales, es decir, la preocupación por el medio ambiente y el ecosistema social, tienen el mismo peso que las asociadas a la rentabilidad económica.
«Los datos revelan un balance muy equilibrado entre lo que llamamos dimensiones racionales, utilitarias y morales. Es decir, la conciencia medioambiental se sitúa al mismo nivel que los intereses particulares o económicos», explica Sandra Sánchez Cañizares, autora del trabajo junto con Javier Cabeza Ramírez, Miguel González Mohino y José Antonio López Castro, del Área de Organización de Empresas de la Universidad de Córdoba.
Para este estudio, recientemente publicado en Journal of Enviromental Maganement y realizado en el marco del proyecto ‘Diseño de políticas eficaces para la transición ecológica de la agricultura. Un enfoque microeconómico’ del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación, el equipo contactó con cooperativas agrícolas y realizó entrevistas presenciales con alrededor de 200 agricultores y agricultoras de todas las partes de Andalucía, especialmente de Córdoba, Málaga y Sevilla. Después, para clasificar y tratar la información obtenida, se combinaron varios modelos teóricos: la Teoría de Comportamiento Planificado, el Modelo de Aceptación de la Tecnología y el Modelo de Activación de la Norma.
Tal y como explica Javier Cabeza Ramírez, la gran aportación del estudio es que se centra en el propio agricultor y no en variables de tipo económico o empresarial. «La mayor parte de los estudios que se han hecho sobre agricultura ecológica se fijan en el tipo de cultivo, en el modelo de negocio o en la subvención que se percibe, dejando de lado al propio agricultor que es la pieza principal», afirma el investigador. En este caso «nos hemos fijado en sus motivaciones para entender mejor el contexto andaluz y así poder exportarlo como modelo a otras partes de Europa».
Recetas para una política agraria útil
Los resultados ponen de manifiesto la heterogeneidad del tejido agrícola andaluz, en el que conviven profesionales de distinto perfil sociodemográfico y con una relación dispar con el modelo ecológico. Por lo tanto, tal y como señala Sandra Sánchez Cañizares, «si la Unión Europea quiere potenciar la agricultura ecológica tiene que diversificar sus políticas en base a los distintos perfiles y necesidades».
En este punto, el estudio sugiere dirigir políticas centradas en la retención, con la simplificación administrativa y de procedimientos como principal baza, a aquellos agricultores que ya han elegido el modelo ecológico. En cambio, para quienes se resisten a adoptarlo, plantea diseñar políticas centradas en activar la convicción moral en torno al medio ambiente y ofrecer la formación y asistencia necesarias para el cambio de modelo.
Entender por qué funciona lo que funciona es clave para poder exportar modelos de éxito. En una España que aún se encuentra lejos de los objetivos de la UE para 2030, Andalucía, con más de 1,4 millones de hectáreas dedicadas a cultivos en ecológico, es un faro que marca el camino a seguir al resto de Europa.
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