Los grandes dinosaurios y los mamuts eran más lentos de lo que se pensaba
La Universidad de Granada participa en un nuevo estudio que redefine la capacidad de movimiento de los mayores animales terrestres que han existido y mejora la comprensión de su comportamiento ecológico. Los valores identificados sitúan a los grandes mamíferos extintos en rangos de velocidad comparables —e incluso inferiores— a los de la marcha atlética humana de élite, y muy lejos de las velocidades alcanzadas por los grandes velocistas.
Una investigación publicada en la revista Scientific Reports ha revisado las estimaciones sobre la velocidad máxima de algunos de los animales terrestres más grandes que han existido. El estudio, en el que participa el arqueólogo de la Universidad de Granada Juan Manuel Jiménez Arenas junto al profesor de geodinámica interna de la Universidad Complutense de Madrid Javier Ruiz, concluye que gigantes como los dinosaurios saurópodos, los mastodontes y los mamuts se desplazaban a velocidades significativamente más bajas de lo que se creía hasta ahora.
La velocidad de marcha de los animales depende de múltiples factores, entre ellos su tipo de locomoción y su masa corporal. Los animales plantígrados y graviportales —aquellos con patas columnares adaptadas a soportar grandes pesos— son notablemente más lentos que los digitígrados o ungulígrados. Además, a partir de los 100 kilogramos de peso, la velocidad máxima disminuye progresivamente conforme aumenta el tamaño corporal. Un ejemplo claro son los elefantes actuales, los animales terrestres más pesados, que no superan los 25 km/h.

El equipo investigador ha desarrollado nuevos cálculos basados exclusivamente en datos empíricos de elefantes vivos, considerados el mejor análogo de los grandes vertebrados del pasado.
En paleontología, donde no es posible observar directamente el movimiento de especies extintas, la estimación de la velocidad depende de modelos matemáticos. Hasta ahora, estos modelos agrupaban animales con anatomías y modos de locomoción muy distintos, lo que generaba importantes sobreestimaciones. De hecho, las ecuaciones tradicionales llegaban a exagerar la velocidad real de los elefantes actuales hasta en un 70%, un margen de error incompatible con la reconstrucción rigurosa del comportamiento ecológico de especies extintas.
Para corregir este sesgo, el equipo investigador ha desarrollado nuevos cálculos basados exclusivamente en datos empíricos de elefantes vivos, considerados el mejor análogo de los grandes vertebrados del pasado. Aplicando estos modelos, los resultados muestran que el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), con unas seis toneladas de peso, habría sido el proboscídeo extinto más veloz, alcanzando algo más de 20 km/h. En contraste, el enorme Mammut borsoni, que llegó a pesar hasta 16 toneladas, apenas habría superado los 15 km/h.
El estudio también analiza la velocidad de los mamuts que habitaron la cuenca de Orce (Granada). El Mammuthus meridionalis, especie contemporánea de los primeros humanos de Eurasia occidental, se movería a una velocidad máxima aproximada de 18 km/h, incluso en el caso de ejemplares excepcionales como el conocido “Titán del Pleistoceno” de Fuente Nueva 3, que pudo alcanzar las 14 toneladas.
Los dinosaurios gigantes resultaron ser todavía más lentos, según los investigadores. El Argentinosaurus hiunculensis, uno de los mayores animales terrestres conocidos, con unas 75 toneladas, no habría excedido los 10 km/h. En Europa, el Turiasaurus riodevensis, hallado en Teruel y con un peso estimado de 42 toneladas, alcanzaría como máximo los 11,8 km/h.
Estos valores sitúan a los grandes mamíferos extintos en rangos de velocidad comparables —e incluso inferiores— a los de la marcha atlética humana de élite, y muy lejos de las velocidades alcanzadas por los grandes velocistas.
El trabajo, en el que han colaborado investigadores de las universidades de Queensland (Australia) y Helsinki (Finlandia), redefine las capacidades atléticas de los gigantes del pasado y subraya la importancia de emplear modelos matemáticos ajustados a la biomecánica real de animales vivos. Gracias a ello, los paleontólogos pueden reconstruir con mayor fidelidad cómo se desplazaban, migraban y utilizaban su entorno algunas de las especies más impresionantes que han habitado la Tierra.
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