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MANUEL RODRÍGUEZ ORTEGA, JOVEN INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA: «TRABAJO PARA DETERMINAR PROTEÍNAS DE SUPERFICIE APROPIADAS PARA DISEÑAR UNA VACUNA EFICAZ CONTRA LA NEUMONÍA»


17 de octubre de 2008

Fuente: AndaluciaInvestiga.com – Rafael Muñoz Fernández

 

La infección de los pulmones por microorganismos, la neumonía, origina gran parte de los ingresos hospitalarios en nuestro país. Manuel Rodríguez, investigador del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Córdoba, trata de diseñar una vacuna contra Streptococcus pneumoniae, responsable de un importante número de casos de neumonía de origen bacteriano. Por ello, ha sido reconocido por los programas Europroject y Transfer 07, gestionados desde la OTRI.

 

Pregunta (P.-) ¿A qué se debe la neumonía?

Respuesta (R.-) Esta patología tiene gran incidencia, concretamente el neumococo o Streptococcus pneumoniae, perteneciente al grupo gram-positivo, que es un sistema de clasificación de bacterias en función de la estructura de su superficie. Dicha bacteria es la responsable de esta enfermedad, más aún en ambientes hospitalarios, donde los pacientes poseen las defensas bajas o se encuentran inmunodeprimidos, como puede ocurrir en niños y ancianos, entre otros. El investigador de la Universidad de Córdoba Manuel Rodríguez

(P.-) ¿Cuál es el tratamiento que existe en la actualidad frente a esta patología?

(R.-) La terapia utilizada para combatir la enfermedad se basa en el uso de antibióticos. Sin embargo, el uso excesivo de los mismos conlleva el riesgo de que aparezcan cepas resistentes a ellos, por lo que es mejor una terapia preventiva, un tratamiento antes de que se haya producido la infección. Actualmente, en el mercado existen dos vacunas contra el neumococo, Pneumovax y Prevnar. Ambas son polisacarídicas, no reconocen las proteínas de superficie sino los polisacáridos, es decir, biomoléculas formadas por azúcares sencillos. No son muy eficaces, puesto que de Streptococcus pneumonie hay 90 serotipos, mientras que de Streptococcus suis existen 35, y estas vacunas sólo reconocen algunos de ellos, por lo que una infección por otro serotipo no la combaten. Además, sólo funcionan en adultos y no en niños y ancianos, que son los grupos de riesgo. La principal ventaja que presentará una vacuna basada en proteínas de superficie es una mejor respuesta del sistema inmune.

(P.-) Usted trabaja desde hace tiempo con bacterias del género Streptococcus. No obstante, ahora lo hace con el Streptococcus pneumoniae, que es la causa de la neumonía, ¿qué objetivo persigue?

(R.-) El estudio del Streptococcus lo comencé en la empresa farmacéutica Novartis, en Siena (Italia), donde trabajé en la identificación de proteínas de superficie en bacterias patógenas. En este caso, la bacteria estudiada era Streptococcus pyogenes, que provoca distintas enfermedades, desde la faringitis y problemas de piel hasta patologías mortales como una septicemia invasiva, o que dejan secuelas en el corazón, como la endocarditis (inflamación de las válvulas cardíacas). Actualmente trabajo con esta bacteria, con la intención de determinar las proteínas de superficie apropiadas para diseñar una vacuna que sea eficaz contra la neumonía, ya que la superficie de las bacterias es lo primero que entra en contacto con los elementos del sistema inmune (linfocitos, anticuerpos, etc.). Cualquier proteína que esté expuesta en la superficie de una bacteria patógena es aspirante a proporcionar una respuesta inmune, por tanto, a crear una vacuna.

(P.-) También desarrolla otra línea de investigación relacionada con este tipo de bacterias, ¿en qué consiste?

(R.-) Exploro sobre el Streptococcus suis, una bacteria que da lugar a meningitis, artritis y otras enfermedades que atacan a los cerdos, debido a sus consecuencias económicas en el sector porcino. Un matiz no menos importante es que esta bacteria puede transmitirse al ser humano, es decir, es zoonótica, como el virus de la gripe aviar y el prión de las vacas locas.

(P.-) ¿Cuál es la metodología empleada en su investigación?

(R.-) En primer lugar, el cultivo de las bacterias. Después se procede a la digestión de la superficie de la bacteria viva, con proteasas, enzimas que cortan o digieren otras proteínas. A continuación se recuperan y se separan los trocitos de proteínas o péptidos mediante cromatografía líquida, una técnica por la cual las distintas moléculas presentes en una mezcla compleja se separan en función de su capacidad de unión a una resina. Y por último, se produce la identificación de las mismas a través de espectrometría de masas en tándem (técnica que crea un espectro de cada trocito de proteínas o péptido). 

 

Descargue aquí la imagen de esta entrevista:

 

www.sciencepics.org/fotos/12847-m%20rodriguez%203.jpg 

 

Más información:

 

Manuel Rodríguez Ortega

Departamento de Bioquímica y Biología Molecular

Universidad de Córdoba

Tel.: 957 21 83 17

 

Email: q62roorm@uco.es


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