¿NOS PORTAMOS COMO ANIMALES?
Fuente: AndaluciaInvestiga.com – Guillermo Pedrosa Calvache
El investigador de la Universidad de Granada Manuel Soler presenta un libro que analiza la conducta humana y animal en temas como la reproducción sexual, la selección de pareja o la paternidad. Se trata de un trabajo científico valiente y osado que demuestra que nuestras diferencias comportamentales no son tan grandes como creemos.
¿Es correcto estudiar el comportamiento humano desde una perspectiva biológica?, o dicho de otra manera, ¿existe siempre un trasfondo biológico detrás de las acciones de las personas? Estas cuestiones plantean diversos dilemas para disciplinas como la Antropología, la Psicología o la Sociología, muy centradas en la persona como sujeto social. El catedrático de la Universidad de Granada Manuel Soler ha escrito un libro (Adaptación del comportamiento: comprendiendo al animal humano) que analiza la conducta de humanos y animales en temas como la selección de pareja, la reproducción, la monogamia y muchos más. La conclusión del autor es que las bases de estas conductas no son tan distintas entre unos y otros.
Uno de los ejemplos más claros de estas similitudes se encuentra, según Soler, en la selección de parejas. «Sabemos que tanto en el mundo humano como en el animal, son las hembras las que eligen al macho con el que quieren aparearse. Éste sólo puede presentar su candidatura y cortejar a la hembra», explica.
¿Qué buscan las mujeres?
En este sentido, cabe preguntarse qué es lo que busca la hembra en el macho. El investigador analiza en el libro el comportamiento de distintas especies animales y de personas. Y así como el pavo real hembra busca un macho con una cola grande, con un plumaje colorido y variado, porque eso es síntoma de unas buenas condiciones biológicas, la mujer suele tender a buscar hombres que sean portadores de buenos genes, todo con el objetivo de que sus hijos también tengan esa incuestionable calidad biológica.
Sin embargo, hay una particularidad. Hay algunas especies animales en las que los machos también participan en el cuidado de las crías. En estos casos, las hembras también buscan un buen padre para sus hijos, lo mismo ocurre con las mujeres.
Esto sucede especialmente en las especies que son monógamas, como por ejemplo en la mayor parte de las aves. «A nivel reproductor, los más parecidos a nosotros son las aves», subraya Soler, quien añade que sólo el 3% de los mamíferos se ocupa de sus crías, «el resto sólo fecunda y se va». El hombre se encuentra dentro de ese mínimo porcentaje.
La poliginia es otro de los temas sobre los que el autor reflexiona en su libro. Ésta se refiere al hábito de algunas especies por el que el macho tiene más de una pareja sexual. Dado que la mayoría de los mamíferos se deciden por este modelo para sus relaciones, parece interesante cuestionarse si es la monogamia algo natural en la especie humana.
«Aquí entran muchos matices en juego» -responde Soler – «aunque el hombre tiene algunos rasgos que apuntan a una cierta tendencia poligínica». Y es que, según el investigador, en la sociedad actual muchos hombres viven una sucesión de monogamias, es decir, un cambio continuo de pareja.
Principal diferencia
«Muchos pensadores y filósofos han insistido en que lo que más nos diferencia de los animales es que no tenemos instintos, y no es cierto, lo que más nos distingue es que nuestra inteligencia nos ha hecho capaces de superar esos instintos», concluye Soler.
El libro fue presentado en el Parque de las Ciencias. Manuel Soler estuvo acompañado en el acto por Antonio Ríos, decano de la Facultad de Ciencias, que define a su colega como un investigador incansable cuyo prestigio científico traspasa fronteras internacionales, y Juan Carranza, presidente de la Sociedad Española de Etología, que ha colaborado estrechamente en este trabajo.
Carranza subraya, por su parte, la osadía de Soler de extender la Etología (estudio del comportamiento de los animales) al campo de la conducta humana y de «atreverse a exponer conclusiones que pueden parecer políticamente incorrectas». Carranza matiza, además, que conocer el comportamiento animal es básico para entender la conducta humana, y que buscar una razón biológica para las acciones humanas no es una forma de justificarlas.
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