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Demuestran que la metodología docente inclusiva es capaz de aumentar las competencias morales del alumnado, pero no la empatía

Un estudio de la Universidad de Córdoba a través de un experimento de campo realizado a lo largo de diez sesiones con un grupo de estudiantes de primer año de los Grados en Educación Primaria y en Educación Infantil revelan que mediante una metodología basada en la presentación de un conflicto, la toma de posiciones a favor o en contra, el reconocimiento del valor de los argumentos de quien piensa de manera diferente, el cambio de posturas, el debate y la introspección por parte del alumnado, la competencia moral aumentó tras recibir la formación inclusiva.

Fuente: Universidad de Córdoba


Córdoba |
10 de marzo de 2022

Aprender mediante una metodología docente basada en la inclusión mejora la capacidad moral del alumnado. Ésa es la principal conclusión presentada por el grupo de investigación de la Universidad de Córdoba “Educación, Diversidad y Sociedad”, coordinado por José Luis Álvarez Castillo, en un trabajo del Observatorio Social “La Caixa”.

En su investigación, el equipo de la Universidad de Córdoba (UCO) explica los resultados obtenidos de un experimento de campo realizado a lo largo de diez sesiones con un grupo de estudiantes de primer año de los Grados en Educación Primaria y en Educación Infantil. Mediante una metodología basada en la presentación de un conflicto, la toma de posiciones a favor o en contra, el reconocimiento del valor de los argumentos de quien piensa de manera diferente, el cambio de posturas, el debate y la introspección por parte del alumnado, el experimento comprobó que la competencia moral aumentó tras recibir la formación inclusiva.

Grupo de investigación, coordinado por José Luis Álvarez Castillo.

Ahora bien, no todas las competencias inclusivas requieren la misma metodología de enseñanza. El experimento publicado en el Observatorio Social de “La Caixa” se centró en dos de las capacidades de ciudadanía inclusivas más importantes: la competencia moral y la empatía. Mientras que para la primera hubo resultados favorables, no ocurrió así con la segunda. El estudio demostró la dificultad para enseñar la competencia empática. Como señala el equipo investigador, esto puede deberse a varios factores. En primer lugar, se partía de un punto previo de alto nivel empático por parte de las personas participantes. Junto a ello hay que tener en cuenta que la muestra estaba compuesta principalmente por mujeres, a las que las investigaciones siempre han atribuido mayor nivel empático. En tercer lugar, la corta duración del estudio, 2 meses y medio, puede suponer que las competencias no siempre se adquieran en un corto plazo. Y, por último, la necesidad de desarrollar metodologías que impliquen componentes socioemocionales. Así, si el experimento se centró en la técnica de narración persuasiva, Álvarez Castillo sostiene que una metodología basada en el aprendizaje-servicio, que combine la enseñanza académica con el servicio comunitario en el que se ponga contacto al alumnado con las vidas de otras personas que estén en situación de vulnerabilidad, sería más adecuada.

El experimento se realizó en el contexto de asignaturas que forman en competencias profesionalizadoras. Con ello se pretendía demostrar la utilidad de integrar estas competencias con las inclusivas. “Tenemos que avanzar hacia universidades más inclusivas y eso supone apostar no solo por la profesionalización, sino que la universidad también sea responsable de formar ciudadanos y ciudadanas”, sostiene Álvarez Castillo añadiendo: “la universidad no es solo una agencia de profesionalización. Sería absurdo formar solamente grandes especialistas, sin tener en cuenta que ese especialista luego tiene que llevar a cabo un trabajo de servicio a la sociedad y para eso se necesitan otro tipo de competencias personales, sociales y cívicas” como son la empatía, la competencia moral, la cooperación, la capacidad para trabajar en grupo, la flexibilidad ante la adaptación a contextos, el respeto, la resolución de conflictos…

Debido a ello, la docencia inclusiva, es decir, aquella que ofrece las respuestas necesarias para las necesidades diversas del alumnado, es un elemento fundamental al que deberán reorientarse las universidades. A este respecto, según Álvarez Castillo, “se ha avanzado bastante en términos de políticas, pero en términos de práctica aún queda muchísimo”. En materia política, por ejemplo, tanto la Conferencia de Roma del Espacio Europeo de Educación Superior, como la CRUE se pronunciaron en 2020 a favor de la responsabilidad social de las universidades y, con ello, apostaron por la inclusión y la diversidad. Pero en la práctica «aún nos encontramos en un estadio inicial», explica Álvarez Castillo. Para conseguir que en la práctica haya un verdadero compromiso hacia la docencia inclusiva es necesario destinar más recursos y crear un clima y una cultura inclusiva en la universidad.

El artículo es resultado del proyecto de investigación titulado Promocionando ciudadanía e inclusión en la universidad: ¿Podemos enseñar empatía y razonamiento moral para afrontar la diversidad? (PROMOCIN), financiado en la Convocatoria de Proyectos de Investigación Experimental de Ciencias Sociales (2019) del Observatorio Social “La Caixa”. Además, el artículo está basado en la investigación dirigida por José Luis Álvarez Castillo y María García-Cano Torrico, Atención a la diversidad y educación inclusiva en la universidad. Diagnóstico y evaluación de indicadores de institucionalización, proyecto I+D+I con ref. EDU2017-82862-R.

Referencia bibliográfica:

J. L. Álvarez Castillo, H. González González, G. Fernández Caminero, L. del Espino Díaz y C. M. Hernández Lloret, «La misión inclusiva de la universidad: el lento tránsito del carácter declarativo a las prácticas cotidianas». Observatorio Social «La Caixa», Febrero 2022. https://elobservatoriosocial.fundacionlacaixa.org/es/-/se-pueden-ensenar-competencias-de-ciudadania-inclusiva-en-el-marco-de-la-construccion-de-universidades-mas-sociales.


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