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EL DETERIORO DE LA FUNCIÓN OLFATIVA Y LAS ALTERACIONES EN EL CICLO VIGILIA-SUEÑO PRECEDEN AL DIAGNÓSTICO DE ALZHEIMER


17 de mayo de 2011

Fuente: AndaluciaInvestiga.com – Mariola Norte

 

Los estudios desarrollados por los neurocientíficos de la Olavide apuntan a que no existe un único marcador temprano de la enfermedad de Alzheimer. Una de las hipótesis que barajan es que existe una estrecha relación entre el deterioro de la función olfativa y las alteraciones de la memoria, desde fases muy tempranas de la enfermedad. Asimismo, resultados de este equipo de investigadores sugieren que las personas con deterioro cognitivo leve, fase preclínica de la enfermedad de Alzheimer, presentan alteraciones en la estructura del ciclo vigilia-sueño.

 

El tiempo juega en contra de los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Una de las grandes barreras a las que se enfrentan los investigadores y clínicos es la incertidumbre respecto al perfil de personas en riesgo de padecer esta enfermedad. Esta limitación lleva a que las posibilidades de éxito en la prevención o tratamiento del Alzheimer sean escasas. “El problema es que una vez diagnosticada la enfermedad, ningún tratamiento es capaz de frenar su avance, las lesiones en el cerebro son demasiado graves e irreversibles como para volver atrás”, explica el profesor de fisiología y director del equipo de investigación del Laboratorio de Neurociencia Funcional de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), José Luis Cantero. El investigador, que ha sido nombrado recientemente Académico Correspondiente de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez de la Frontera, es también es integrante del Centro de Investigación en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED).

El director del equipo de investigación del Laboratorio de Neurociencia Funcional de la UPO, José Luis CanteroLos estudios desarrollados por los neurocientíficos de la Olavide apuntan a que no existe un único marcador temprano de la enfermedad de Alzheimer. Es necesario combinar indicadores muy diversos, derivados de la genética, biología molecular, neuroimagen, electrofisiología cerebral y neuropsicología para crear un escenario que se acerca cada vez más al diagnóstico precoz del Alzheimer.

Una de las líneas en las que trabajan tiene como objetivo establecer marcadores tempranos que permitan prevenir o tratar la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas de deterioro cognitivo irreversible. “Tras décadas de investigación sabemos que la batalla contra el Alzheimer hay que librarla en las fases presintomáticas, unos 10 ó 15 años antes de que se produzca el diagnóstico clínico, cuando el paciente comienza a tener quejas subjetivas de memoria que pasan desapercibidas en las exploraciones clínicas convencionales. En este punto podemos empezar a soñar con la prevención de esta enfermedad. Probablemente, la muerte neuronal y la disminución de la capacidad sináptica, propias de la enfermedad de Alzheimer, no sean muy significativa en estas fases. Nos encontraríamos ante el escenario ideal para aplicar fármacos dirigidos a modificar los mecanismos moleculares y celulares que conducen a las lesiones de la enfermedad”, señala el investigador.

Una de las hipótesis que barajan es que existe una estrecha relación entre el deterioro de la función olfativa y las alteraciones de la memoria, desde fases muy tempranas de la enfermedad. “Las personas con quejas subjetivas de memoria presentan alteraciones de la olfacción acompañadas de una reducción de volumen de las estructuras cerebrales involucradas en la función olfativa”, destaca Cantero. “La sensibilidad de estos marcadores se incrementa si cuantificamos los niveles de Beta-amiloide, una de las proteínas sobreexpresadas en pacientes con Alzheimer, y seleccionamos a personas con predisposición genética a padecer la enfermedad”.

Asimismo, los resultados de este equipo de investigadores sugieren que las personas con deterioro cognitivo leve, antesala de la enfermedad de Alzheimer, presentan una disminución de volumen del núcleo basal de Meynert que acompaña a alteraciones en la estructura del ciclo vigilia-sueño. “Los pacientes con deterioro cognitivo leve muestran menos sueño REM y un sueño de ondas lentas -sueño profundo- más fragmentado. A esto se une que estas personas presentan una disminución de volumen del núcleo basal de Meynert, una estructura cerebral que contiene el 80% de neuronas colinérgicas que hacen sinapsis en la corteza cerebral, donde residen funciones cognitivas como la memoria, la atención, y facilitan determinadas propiedades electrofisiológicas del sueño REM”, apunta el investigador responsable. “Sin duda, el triángulo neurodegeneración, memoria y sueño tiene mucho que decir en relación con las fases incipientes de la enfermedad de Alzheimer». 

 

 

Quejas subjetivas de memoria

Alrededor de un 60% de la población mayor de 60 años presenta quejas subjetivas de memoria. Consisten en olvidos frecuentes que no se corroboran en una evaluación clínica pero que acaban convirtiéndose en quejas objetivas que derivan en un estado de deterioro cognitivo leve. Según explica el profesor Cantero, “hoy se sabe que un porcentaje importante de personas con quejas subjetivas de memoria, desarrollan deterioro cognitivo leve 5-6 años después, y son diagnosticados de Alzheimer en los años sucesivos.”.

En este sentido, el investigador señala la importancia de actualizar los protocolos actuales para llegar al diagnóstico temprano de la enfermedad de Alzheimer a partir del momento en que la persona presenta los primeros síntomas de deterioro cognitivo. “En ocasiones, las quejas subjetivas de memoria reflejan un estadio muy incipiente de las lesiones cerebrales asociadas a la enfermedad de Alzheimer. La nueva generación de medicamentos debería considerar este estadio presintomático como una ventana temporal crítica para frenar estas lesiones o, en último extremo, prevenir la enfermedad”, apunta Cantero.

Pruebas de imagen cerebralEn 2005 los neurocientíficos de la Olavide pusieron en marcha un estudio longitudinal que permitió seguir a personas mayores sanas y a otras con deterioro cognitivo leve durante 3 años. Esta investigación ha permitido identificar marcadores de neuroimagen y de electrofisiología cerebral que diferencian los procesos de envejecimiento cerebral normal de aquellos derivados de las fases tempranas de la neurodegeneración. El trabajo se enmarca dentro de un amplio proyecto multidisciplinar orientado a la detección precoz de la enfermedad de Alzheimer basada en la combinación de diferentes marcadores, coordinado por el Laboratorio de Neurociencia Funcional (UPO) en colaboración con diversos Servicios clínicos del Hospital Universitario Virgen del Rocío y del Hospital Infanta Luisa.

El proyecto en sus diferentes fases ha contado con financiación del VI Programa Marco de la Unión Europea y el Programa Nacional de Biomedicina del Ministerio de Ciencia e Innovación. Asimismo, el proyecto ha contado desde 2008 con el apoyo del Centro de Investigación en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) a través de su Programa «Enfermedad de Alzheimer y otras demencias degenerativas«.

 

Más información

Dr. José Luis Cantero Llorente
Departamento Fisiología, Anatomía y Biología Celular

Universidad Pablo de Olavide
Tel.: 954977433
E-mail.: jlcanlor@upo.es


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