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Enseñar el método científico en institutos demuestra ser útil para desmontar falsos mitos

La denominada ‘ilusión de causa-efecto’ es un sesgo por el que las personas validamos supersticiones o pseudociencias. Una falsa relación muy extendida entre la población. Un equipo de investigadores, entre los que se encuentran investigadores de la Universidad de Granada, ha desarrollado y aplicado un taller sencillo de metodología y pensamiento científico y ha mostrado que, si se realiza en centros educativos, disminuye un 78 % estas falsas creencias a corto y largo plazo.

Fuente: Agencia SINC


Granada |
30 de agosto de 2024

Creer que algo bueno nos ocurre porque llevamos un amuleto o que al tomar medicamentos ‘alternativos’ nos sentimos mejor es lo que se denomina ilusión causal. Es decir, creer que hay una relación de causa-efecto entre dos sucesos que, simplemente, han ocurrido seguidos en el tiempo por pura casualidad.

Esta ilusión cognitiva es la base de las pseudociencias y muchos mitos. “Es similar a una superstición y se mantiene esa sensación de que la relación es causal, cuando en realidad no ha tenido nada que ver”, declara a SINC Helena Matute, catedrática de psicología de la Universidad de Deusto, en Bilbao, y directora del estudio.

La investigadora, junto con Naroa Martínez, Fernando Blanco e Itxaso Barberia, de las universidades de Deusto, Granada y Barcelona, respectivamente, han publicado un estudio en la revista Royal Society Open Science en el que describen cómo una sencilla intervención educativa sobre metodología científica puede reducir esta ilusión cognitiva de manera eficaz y a largo plazo.

“La ilusión de causalidad es un sesgo cognitivo que consiste en creer que existe una relación causal entre hechos que no están relacionados causalmente. Este sesgo está asociado a la pseudociencia, los estereotipos, el extremismo ideológico y muchas otras creencias injustificadas y perjudiciales. Por lo tanto, es importante desarrollar intervenciones educativas para reducir esta ilusión, idealmente durante los años escolares, con el fin de proteger a las personas contra ella”, añade Matute.

Aplicación a gran escala

El proyecto, impulsado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y que contó con la dirección científica del equipo investigador, implicó a más de 40 centros de secundaria y más de 2 000 adolescentes, que participaron en un taller de metodología y pensamiento científico, seguido de una prueba de evaluación, de poco más de una hora y media de duración en total. “El trabajo incluyó un estudio piloto, una aplicación a gran escala y un seguimiento a los seis meses”, apunta la investigadora.

Los resultados mostraron efectos duraderos en la reducción de las ilusiones causales y también demostraron que la intervención puede aplicarse a gran escala a través del sistema educativo. “Algo que la convierte en una herramienta óptima para inmunizar a las poblaciones a una edad temprana y protegerlas de las pseudocientíficas y otras creencias y prácticas perjudiciales”, señala la científica.

El 78 % del alumnado mostró una ilusión causal más reducida, en comparación con el grupo de control establecido, que no había realizado aún la intervención. Esta reducción se mantuvo en el tiempo, ya que pasados seis meses un 66 % de los alumnos que habían realizado la intervención en el estudio inicial siguen mostrando menos ilusión de causa-efecto.

Alumnado más escéptico, más crítico

“La acogida ante esta actividad por parte de los estudiantes fue muy buena. Es una actividad diferente de las del día a día, en la que pasan un buen rato. Se hacen preguntas y aprenden que pueden y deben cuestionarse las cosas. Necesitan saber que son vulnerables, que se les puede engañar fácilmente. ¡Nosotros lo hicimos, y luego se lo demostramos!”, enfatiza Matute.

El propósito de la práctica era hacerles saber que para detectar cuál es la causa real de algo, no vale con la experiencia y sensación subjetiva que les produce, sino que deben hacer experimentos y controlar las variables con sumo cuidado, o en su defecto, fiarse de los científicos que hacen esos experimentos.

“Los jóvenes necesitan aprender la importancia del método científico y el control de variables y, sobre todo, desarrollar una actitud científica que los lleve a ser más escépticos, más críticos. Incluso aunque nunca vayan a dedicarse a la ciencia, interiorizar bien estos principios y esta forma de pensar es muy necesario en la vida. Esperamos que este tipo de intervenciones se traduzcan en ciudadanos mejor protegidos contra fraudes, que es de lo que se trata”, concluye Matute.

Referencia:

Martínez, N., Matute, H., Blanco, F., & Barberia, I. “A large-scale study and six-month follow-up of an intervention to reduce causal illusions in high school students”. Royal Society Open Science.


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