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LA CULTURA DEL BRONCEADO, UNA ASIGNATURA PENDIENTE


30 de julio de 2010

Fuente: UCIENCIA

 

En verano, con termómetros que superan en ocasiones los 40ºC y en una capital costera como Málaga el sol cobra protagonismo de forma frecuente. En este sentido el calor tan sólo es una consecuencia que se suma a otros tantos efectos positivos y negativos que este astro puede causar en las personas, en su estado de ánimo, en su sistema inmune y, cómo no, en nuestro mayor órgano: la piel.

Pequeños y mayores necesitan del sol para la vida. La síntesis de vitamina D -fundamental en el crecimiento y la fortaleza de los huesos-, la mejora de la circulación sanguínea, la vasodilatación, la generación de endorfinas o incluso la estimulación de la vida sexual están directamente relacionadas con el baño solar. En definitiva, una luz necesaria e imprescindible para el ser humano, a la vez que dañina si no se tienen en cuenta las repercusiones que de futuro puede acarrear en nuestra salud, y en concreto en nuestra piel.

La Costa del Sol hace gala a su nombre y ofrece más de 14 horas diarias de sol. En este contexto la cultura de un uso saludable de éste es prioritaria para evitar patologías cutáneas como el melanoma. Según explica el doctor José Aguilera Arjona del departamento de Medicina y Dermatología de la Universidad de Málaga (UMA), «los rayos ultravioletas del tipo A (UVA) y B (UVB) que recibimos a nivel terrestre son todavía lo suficientemente energéticos para producir cambios o la rotura de determinadas moléculas como el ADN y otros componentes celulares».

El doctor Aguilera trabaja en Laboratorio de Fotobiología Dermatológica en distintos proyectos de investigación que tienen como motivo la medición y estudio de la radiación solar y sus consecuencias en el ser humano, en plantas y en animales. El avance en enfermedades como la psoriasis, el cáncer de piel, el fotoenvejecimiento, el control de calidad de los fotoprotectores o la certificación de centros de bronceado son algunas de las misiones que cumple este equipo de especialistas emplazado en el Centro de Investigaciones Médico Sanitarias de la UMA (CIMES). Además Además colabora activamente con el Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias, el cual está integrado en la European Light Dosimeter Network (ELDONET), una red que agrupa una treintena de estaciones repartidas por todo el continente encargadas de realizar seguimientos diarios de la radiación ultravioleta y de luz visible que llega a la Tierra.

«La idea, comenta este investigador, es concienciar a la población de un buen uso del sol. No debemos huir de él, ya que perderíamos muchos de los beneficios que nos aporta, pero todo ello ha de hacerse sin excesos». Desde el laboratorio se está fraguando un proyecto a corto plazo para ofrecer a los ciudadanos el «sol a la carta». Esto es, dar a conocer de forma periódica a la población el tiempo y el horario de exposición adecuados para cada jornada, debido a que no todos días los rayos solares llegan con la misma intensidad. «Incluso, añade, se podrían realizar programas personalizados dependiendo del color y de las características cutáneas de cada interesado». Además, se informaría del periodo de exposición necesario para la obtención de los niveles saludables de vitamina D (alrededor de 1000 Unidades internacionales) evitando a su vez la sobreexposición que produce quemadura solar o eritema.

La obsesión por un bonito bronceado es, según los expertos, uno de los principales puntos débiles de la concienciación ciudadana acerca del sol. El melanoma, por ejemplo, es una consecuencia a largo plazo de las exposiciones prolongadas al sol en la juventud. Aguilera Arjona reconoce que “la mayoría de la población no sabe que cuando la piel se broncea es porque se ha producido un daño en ésta” por lo que recomienda que el moreno se adquiera de “forma gradual y evitando las horas comprendidas entre las 11 y las 4 de la tarde”.

En cuanto a la radiación ultravioleta y a sus efectos sobre nuestro sistema cutáneo, los principales riesgos que se corren afectan a procesos moleculares y celulares de nuestro organismo. Principalmente son tres: la interferencia en la replicación y transcripción del ADN, la degeneración del sistema inmunitario y el fomento del estrés oxidativo.

En concreto, el ADN está formado por moléculas que absorben la radiación ultravioleta. Una fuerte radiación tiene consecuencias directas en la alteración de las cadenas de ADN provocando así lo que se conoce como mutación genética. Aunque las células disponen de buenos mecanismos para reparar este tipo de alteraciones, cuando el ADN se daña de forma constante dichos mecanismos pueden fallar o dejar de funcionar. A partir de ese momento se inician procesos de degeneración celular que pueden desembocar en cáncer.

El sistema inmunitario por su parte puede verse deprimido por largas exposiciones a radiación ultravioleta. Asimismo, éstas generan también otras patologías relacionadas con el mencionado estrés oxidativo, causa del fotoenvejecimiento acelerado de la piel. En ambas juega un papel crucial una dieta rica en antioxidantes como las vitaminas E y C, y la utilización de cremas hidratantes destinadas a contrarrestar los efectos nocivos de la radiación solar.

La mejor crema antiarrugas

Cuando la piel se oxida necesita de un complemento de encimas clave para arreglar las cadenas de ADN modificadas, por eso la mejor forma de evitar el envejecimiento de la piel es la de utilizar cremas fotoprotectoras. Según Ana Vila García, farmacéutica e integrante del Laboratorio, “la piel olvida pero no perdona”. Aunque los últimos avances en este sector han ido encaminados hacia la resistencia al agua y la mejora cosmética de los productos, lo cierto es, afirma Vila, “que lo que debe cambiar es la mentalidad. Problemas como el melanoma no se evitarán hasta que el bronceado deje de ser sinónimo de estar a la moda”.

En el apartado ocular, el equipo ha realizado investigaciones recientemente en cuanto a la calidad de los filtros utilizados en las lentes destinadas a gafas de sol. A partir de los resultados del estudio de campo se observa que, a pesar de la recomendación de no usar gafas que no pasan los controles de calidad y no están homologadas, la población las usa en un porcentaje significativo. Tras el análisis realizado tanto a las gafas no homologadas como homologadas en cuanto a la capacidad de filtración de la radiación UV, sorprendentemente, cualquier gafa protege de los rayos Ultravioleta. “De hecho, reconoce Aguilera Arjona, los modelos más baratos suelen estar hechos en policarbonato, un tipo de material que absorbe muy bien los ultravioleta, más incluso que algunos compuestos utilizados por marcas más caras”. No obstante éste no es el único parámetro a medir en un control de calidad y todo producto que sale al mercado debería cumplir dichos controles.

El broncearse está de moda y de hecho los baños solares nos aportan beneficios muy importantes para nuestra vida, beneficios que se convierten en perjuicios si no se trata con respeto. Como señalan los expertos, la concienciación ciudadana a este respecto sigue siendo una asignatura pendiente. A continuación se recogen algunas de las recomendaciones a tener en cuenta a la hora de tomar el sol:

Recomendaciones para tomar el sol

* Evitar la exposición al sol entre las 11 y las 16 horas
* Una ropa apropiada puede bloquear más del 90 por ciento de la radiación solar
* Utilizar sombrero o gorra para proteger el cuero cabelludo
* Aplicarse cremas fotoprotectoras que protejan tanto de la radiación UVB como de la UVA
* Uso de gafas para proteger los ojos de los efectos nocivos del sol
* En los días nublados continuar con las medidas de protección, ya que el 80 por ciento de las radiaciones logran atravesar las nubes
* Las personas medicadas deben prestar especial atención a la exposición solar ya que se pueden generar reacciones alérgicas.

*Recomendaciones extraídas del artículo «¿Qué ocurre si nos ponemos al sol de forma repetida largos periodos de tiempo?» de la doctora Mª Victoria de Gálvez Aranda, profesora del departamento de Medicina y Dermatología de la Universidad de Málaga, en el libro La universidad y nuestros mayores. (Aula de Mayores de la Universidad de Málaga).


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