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LA ESTACIÓN EXPERIMENTAL DE ZONAS ÁRIDAS INCREMENTA LA PRODUCCIÓN DE ALMENDRAS UN 40% CON ABONO VERDE


07 de octubre de 2011

Fuente: Alicia Amate / Programa de Formación de Monitores en Materia de Divulgación del Conocimiento

 

Aunar producción y sostenibilidad en suelos en peligro de degradación es posible. Así lo han demostrado los investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CISC) ubicada en Almería, que desde hace tres campañas experimentan con diferentes formas de cultivar almendros y cereal, ambos cultivos de secano, de una forma que beneficie tanto a los agricultores como al medio ambiente.

Sesenta expertos de los dieciocho países participantes en el proyecto Desire / Foto: Juan Sánchez (La Voz de Almería)La parte experimental de la investigación se ha realizado en la finca Los Alhagüeces de Zarzadilla de Totanana, Murcia, en la cuenca del río Guadalentín, una zona castigada por la desertificación. En dicha finca, el equipo español liderado por el investigador Albert Solé, ha realizado varios cultivos experimentales basados en técnicas, más o menos tradicionales, que buscan una mayor conservación del suelo castigado, siempre buscando el consenso con los propios agricultores. “Lo principal para nosotros era ponernos de acuerdo con los agentes locales a la hora de elegir qué metodología se iba a utilizar. Podemos decir que los agricultores son la piedra angular de nuestro proyecto porque, al final, son ellos quienes deben aplicar los resultados de nuestras investigaciones”, comenta Solé.

De este modo, tras diferentes encuentros, agentes locales e investigadores determinaron las metodologías que finalmente se iban a emplear de modo experimental. Así, para lograr una mejora en el suelo cultivado con cereales, donde es habitual que se labre varias veces al año, se probó la reducción de dicha labranza, que daña menos el suelo. Este mima labranza reducida también se empleó e los cultivos de almendros de forma experimental, además del acolchado de paja, el abono verde y la recuperación de las boqueras ya existentes en la zona.

Después de tres campañas de experimentación, los resultados han sido concluyentes. En los cultivos de almendro, el acolchado ha quedado descartado como una posible opción, ya que, aunque evita la desertificación, no es productivo para el agricultor por lo que sería inviable. Lo mismo ha ocurrido con los lugares en los que se ha probado la labranza reducida que no genera beneficios aunque tampoco pérdidas.

Sin embargo, la utilización de abono verde, ecológico y sostenible, incrementó la producción de almendras por hectárea casi un 40%. Esta técnica supone la plantación de una mezcla de veza y cebada en otoño que se incorpora al suelo mediante labranza en primavera. Después de esta primera labranza, sólo se labra una vez más hasta la recogida de los frutos. De este modo, además de incrementarse la producción, se consigue una reducción de la pérdida de suelo y agua, lo que es la base de esta investigación, de hasta 70% por ciento.

Esta investigación forma parte del conjunto de experimentaciones que conforman el proyecto Desire, que desde 2007 busca en todo el mundo alternativas viables para paliar el fenómeno de la desertificación en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas. Financiada por el VI Programa Marco de la Unión Europea con siete millones de euros, la iniciativa llega ahora a su recta final. En los próximos meses, los más de cincuenta expertos de dieciocho países pondrán en común los resultados de sus investigaciones.

Tras pasar por cuatro países, el último encuentro anual de la iniciativa Desire se celebra ahora en Almería ya que el socio español del proyecto es la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA). Durante cuatro días, los investigadores del proyecto ultimarán las conclusiones de estos años de trabajo para, finalmente, presentarlas ante sus colegas el último día del encuentro. Además, dentro de la programación está la visita a la finca experimental de Los Alhagüeces y dos excursiones a Cabo de Gata y el Campo de Dalías para conocer el funcionamiento de los invernaderos en estos espacios.


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