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Un estudio demuestra que los saltamontes son perfectamente conscientes de su propia coloración para camuflarse

Es la primera vez que una investigación de este tipo, realizada por la Universidad Pablo de Olavide, demuestra con tanto detalle que la variación entre individuos afecta a la elección del ambiente.

Fuente: Universidad Pablo de Olavide


Sevilla |
21 de mayo de 2020

Un equipo de investigación de la Universidad Pablo de Olavide, liderado por Pim Edelaar, del Departamento de Biología Molecular e Ingeniería Bioquímica de la institución, ha llevado a cabo un estudio experimental que demuestra que los saltamontes son perfectamente conscientes de su propia coloración para elegir el lugar donde estar mejor camuflados. Las conclusiones de la investigación, publicadas en la revista Proceedings of the Royal Society B, evidencian cómo los organismos son capaces de ajustar su ambiente, cada uno según su necesidad.

Investigadores pintando de color claro un saltamontes con acuarela.

“Se suele decir que para sobrevivir y reproducirse, los organismos tienen que adaptarse a sus ambientes. Sin embargo, también es posible que sea el organismo el que ‘adapte’ el ambiente a sí mismo. Sirva como ejemplo el propio ser humano que ante un ambiente frío sube la calefacción”, explica Pim Edelaar, que subraya cómo el estudio demuestra que el resto de organismos también tienen esta capacidad de ajustar su ambiente.

La investigación ‘Experimental evidence that matching habitat choice drives local adaptation in a wild population’ se centra en los saltamontes, conocidos por su alto grado de camuflaje, colores y formas que los pueden hacer casi imposibles de detectar. “Una explicación para entender esta observación podría ser la selección natural, por la que los individuos peor camuflados serían detectados y comidos por los depredadores. En este caso, el ambiente determinaría qué individuos sobreviven y cuáles no (o sea, que actúa la selección natural). Lo que este estudio demuestra es que el individuo puede tener un papel determinante para esquivar la acción implacable de la selección natural, es decir, hay un ajuste en el que el individuo es protagonista”, argumenta el investigador.

Saltamontes bien camuflado sobre asfalto.

“Hemos estudiado una población de saltamontes que se está adaptando a vivir en una urbanización abandonada, donde hay calles pavimentadas de colores muy diferentes. Hemos podido comprobar que los saltamontes son conscientes de su propio color, porque eligen el tipo de sustrato más parecido a ellos mismos, camuflándose así mejor”, explica Carlos Camacho, primer autor de la publicación.

Para comprobar esta tesis, los investigadores cambiaron el color de los saltamontes con pintura de acuarela (algo que no les afecta en más que su color), y con ello confirmaron que modificaban después su uso de sustrato: individuos pintados de color oscuro se movieron hacia el asfalto oscuro, e individuos pintados de color claro se trasladaron hacia las aceras de losa blanca. “Probablemente, el saltamontes es capaz de comparar el color de su cuerpo con el sustrato, y de elegir posteriormente el sustrato en el que menos contrasta”, afirma Adrián Baños, otro de los investigadores que han participado en el estudio.

Es la primera vez que se demuestra con tanto detalle que la variación entre individuos afecta a su elección del ambiente. “Es lógico que esto pase, pero no es nada fácil demostrarlo”, recuerda Alberto Sanabria, cuyo Trabajo Fin de Máster fue la base del artículo. “Cuando estuve siguiendo a los saltamontes bajo los 40º C del verano sevillano no sabía qué íbamos encontrar, pero sin duda ha merecido la pena el esfuerzo y el sudor, literalmente”, añade.

Un saltamontes pintado con acuarela oscura.

Los investigadores señalan que tradicionalmente la variación entre individuos es ignorada en los estudios en Biología, pero que con trabajos como éste puede demostrarse su relevancia. “Es muy fácil ignorar las diferencias entre individuos y pensar en el promedio, pero ocurre exactamente igual que en nuestra sociedad: nadie es igual a otro y la variación entre individuos no se debe pasar por alto”, destaca Pim Edelaar. “Por ejemplo, si un ambiente diverso se convierte en un ambiente homogéneo –pongamos por caso, por una mala gestión–, una gran parte de la población no estaría a gusto, e incluso podría desaparecer”, subraya.


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