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Determinan la cantidad de nutrientes que aporta al suelo la caída de hojas de pino


Granada |
24 de enero de 2018

Científicos del grupo de investigación ‘Formación y degradación del suelo’ de la Universidad de Granada y del  Centro IFAPA ‘Camino de Purchil’ han determinado la cantidad de nutrientes que aporta al suelo la caída de acículas de pino carrasco. Con ello, obtienen nuevos datos para simular los efectos del aclareo, una práctica de gestión forestal en zonas semiáridas considerada una de las principales estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático.

Pinos con las macetas colocadas al azar para la recogida del desfronde, formado por acículas, ramillas, material leñoso y otros materiales.

Esta técnica, habitual en el clima mediterráneo, consiste en cortar y retirar árboles con el fin de reducir la cantidad de pinos inicialmente plantados. Además, estudios científicos previos han comprobado que disminuye el riesgo de incendios. Otras de las ventajas del aclareo apuntan a la reducción del estrés por sequía y la mejora del estado nutricional de los árboles al disminuir la competencia por los recursos cuando la densidad es muy alta.

En este sentido, los investigadores han evaluado cómo influye el aclareo en el ciclo de nutrientes de una plantación de pino carrasco realizada en tierras agrícolas abandonadas (forestación). Este proceso natural constituye la principal vía de entrada de alimento de los ecosistemas forestales.

De izquierda a derecha: Carmen Segura, Mª Noelia Jiménez, Emilia Fernández-Ondoño, de la Universidad de Granada, y Francisco Bruno Navarro, del IFAPA Centro Camino de Purchil (Granada).

Entre las conclusiones de este trabajo, recogidas en el artículo ‘Thinning affects the needlefall nutrient return to soil in a semiarid Aleppo pine afforestation while the nutrient dynamics remain unchanged’ y publicadas en la revista Forest Ecology and Management, los investigadores han señalado que aunque inicialmente el aclareo reduce la cantidad de nutrientes que caen al suelo, con el paso del tiempo esas diferencias tienden a desaparecer.

Además, y tras tres años de estudio, este equipo de científicos ha certificado que la intensidad del aclareo no influye en la estacionalidad de la caída de las hojas. “En el clima mediterráneo, la entrada de nutrientes mediante la caída de acículas se produce fundamentalmente en verano. De hecho, en todas las intensidades de aclareo evaluadas esta estacionalidad no ha cambiado”, explica a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Granada, Carmen Segura.

Los expertos han empleado esta técnica en una forestación de pino carrasco (Pinus halepensis) en el Cortijo del Conejo, una zona experimental cercana a la localidad granadina de Guadix y monte público propiedad de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio.

Diferentes intensidades de aclareo

Para verificar los resultados de este trabajo, aplicaron tres intensidades de aclareo sobre una superficie de pinos carrasco. En concreto, correspondían a la retirada del 48%, 60% y 70% de los árboles y lo compararon con un área control, es decir, una zona en la que dejaron sin eliminar ningún ejemplar. “Hemos comprobado que donde hay más árboles por unidad de superficie, es decir, donde no se ha realizado ningún aclareo, caen más hojas y la cantidad de nutrientes aportada al suelo es también mayor. Sin embargo, esta tendencia va desapareciendo con el tiempo y entran cantidades similares de nutrientes a intensidades de aclareo intermedias”, especifica la responsable del estudio.

Asimismo, los expertos defienden la práctica del aclareo de forma planificada. “Teniendo en cuenta que reduce la competencia entre los árboles y que es una medida que incrementa la resiliencia de las masas forestales al cambio climático, desde el punto de vista del ecosistema resulta más favorable realizarlos que mantener las forestaciones con una densidad muy alta de árboles”, afirma Segura.

Datos útiles para la comunidad científica

El análisis de los nutrientes presentes en las hojas del desfronde arroja nueva información acerca de diferentes procesos fisiológicos que se producen en los pinos, como por ejemplo en respuesta a situaciones de estrés hídrico o mecanismos nutricionales. “Con estas referencias podemos hacer simulaciones de los efectos que un cambio de uso del suelo o una práctica concreta de gestión forestal tiene sobre el secuestro de carbono en el suelo, utilizando para ello modelos matemáticos”, comenta esta investigadora.

Bolsas con las distintas fracciones de desfronde del pino carrasco separadas posteriormente en el laboratorio.

Al mismo tiempo, los datos sobre los compuestos que entran al suelo a través de la biomasa caída del árbol aporta nuevos conocimientos para simular cuánto carbono secuestra un ecosistema, pero también para evaluar su estado de salud. “El carbono orgánico es un indicador de la fertilidad del terreno y, por tanto, de la calidad de los suelos. Por ello, una de las estrategias que organismos como el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) recomienda para frenar los efectos del cambio climático consiste en retirar el dióxido de carbono de la atmósfera mediante la reforestación para incrementar su secuestro”, señala esta experta.

Recogida mensual

Para realizar este estudio, los expertos colocaron maceteros de plástico colgantes con agujeros en el fondo a los que les introdujeron una malla interior. “De esta forma, el drenaje del agua no arrastraba el material ni conllevaba su caída. Además, nos permitían almacenar directamente todo aquello que se desprendía del árbol durante el tiempo estipulado”, pormenoriza Segura.

En concreto, durante tres años recogían mensualmente muestras de todo el material que caía (hojas, ramas, piñas y conos, así como restos de otros materiales como piñones, restos de insectos y plagas). Ya en el laboratorio, separaban, pesaban y analizaban los elementos presentes en las muestras, como el carbono, el nitrógeno y el fósforo. “Por un lado, determinábamos el peso de las acículas que caían de los pinos y por otro, la concentración de nutrientes que contenían para poder calcular la cantidad aportada al suelo. En cifras, las acículas devuelven al suelo de media al año 536.5 kilogramos por hectárea de carbono, 6.5 kilogramos de nitrógeno y 0.8 de fósforo, entre otros nutrientes”, matiza esta investigadora.

Este estudio, financiado parcialmente por el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), la Agencia de Medio Ambiente y Agua (AMAYA) de la Junta de Andalucía y por Fondos Feder, da paso a un nuevo trabajo donde los expertos analizarán materiales compuestos principalmente por restos de insectos. El objetivo de esta investigación es determinar su influencia en el ciclo de nutrientes del ecosistema.

 


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