MÁS DE UN TERCIO DE LA ENERGÍA QUE SE PRODUCE SE DESPEDICIA POR UN MAL USO, SEGÚN MANUEL TOHARIA
Fuente: UPO
Toharia ha realizado estas declaraciones en los VII Encuentros Sostenibles: Comunicación, Ciencia y Medio Ambiente. Cambio global: ¿Hacia dónde vamos?, que organiza el Centro Olavide en Carmona. Los coordinadores han sido los periodistas Ezequiel Martínez y Esperanza García.
Para evitar un mal uso, Toharia apuesta por usar racionalmente la energía y diversificarla: En la actualidad, utilizamos energías baratas, que no son las mejores porque vivimos en un mundo en el que el dinero es lo que más cuenta. Por tanto, el carbón o el petróleo no son las idóneas, puesto que son altamente contaminantes. Podríamos reducir el uso del carbón o el petróleo en favor de otras energías como la eólica o la solar, más ventajosas para todos.
También cree necesario frenar el crecimiento de la población, puesto que en el mundo, hace sólo un siglo, éramos seis veces menos personas que en la actualidad. La esperanza media de vida oscilaba en los 40 años, ahora es 80, asegura. Consecuencia de ello es que las necesidades de toda la población, que ha crecido espectacularmente deprisa, hecho que jamás había ocurrido en la historia de la humanidad, han aumentado tanto, que hemos empezado a crearnos problemas por culpa de las mismas. El cambio global también es consecuencia del aumento de la población y de su esperanza media de vida, afirma.
A su entender, estos hechos generan una serie de problemas, como el que sea más fácil que haya guerras, que los países poderosos se armen más, incluso con armas nucleares y que todo ello induzca a una exacerbación de ciertos nacionalismos agresivos que ahora tienen posibilidad de expresarse de forma masiva. Esto hace pensar que sea muy difícil pensar en soluciones milagrosas, puntualiza Manuel Toharia.
Por último, piensa que para frenar el cambio global, es necesario que cambiemos de filosofía, de vida e incluso de religión, para que sean de amor y no de agresión, que es lo que predican al fin y al cabo todas las religiones, no lo que practican. Todos esos cambios culturales son esenciales, pero el problema radica en que hemos convertido el dinero en un nuevo dios, por lo que la economía de los países ricos no postula valores culturales o de moralidad humana, finaliza.
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