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Desarrollan el diseño de un método para diagnosticar el dolor en personas con demencia

Este nuevo protocolo, diseñado por investigadoras del Departamento de Enfermería de la Universidad de Córdoba, el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y el Instituto de Salud Carlos III, está destinado a pacientes con incapacidad para comunicarse verbalmente y emplea un sistema observacional y biomarcadores del dolor en saliva.

Fuente: Universidad de Córdoba


Córdoba |
04 de febrero de 2020
Según datos oficiales de la Organización Mundial de Salud, actualmente existen 47 millones de personas con demencia. Se calcula que el 80% de ellas sufren episodios de dolor y que, por lo general, se les recetan menos analgésicos que a los pacientes con habilidades cognitivas intactas. El motivo se debe fundamentalmente a un problema de comunicación: El diagnóstico del dolor se complica en este tipo de personas, especialmente en aquellas con una demencia avanzada hasta el punto de que les impide verbalizar su malestar.
Un grupo de investigación ha configurado un nuevo protocolo destinado a detectar dolencias en este grupo poblacional y evitar, así, un dolor que a menudo podría paliarse con la administración de analgésicos. El método, diseñado por investigadoras del Departamento de Enfermería de la Universidad de Córdoba, el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y el Instituto de Salud Carlos III, correlaciona un sistema observacional del dolor ya existente con el uso de biomarcadores en saliva.

Mª del Pilar Carrera (izqd.), Manuel Rich y Vanesa Cantón, autores de la investigación.

Tal y como explica la Investigadora Vanesa Cantón Habas, una de las responsables del trabajo, el nuevo método parte de lo que se conoce como escala Painad, una metodología observacional del dolor que evalúa en personas con deterioro cognitivo e incapacidad de comunicarse verbalmente parámetros fisiológicos como la expresión facial, comportamiento o posturas corporales.
Si bien esta escala ha demostrado tener cierta utilidad para diagnosticar el dolor, no deja de ser una herramienta observacional que depende casi exclusivamente del lenguaje corporal del paciente. Por ello, el nuevo método propone reforzarla y, de alguna manera, objetivarla mediante el uso de biomarcadores del dolor en saliva.
De la misma forma que determinadas moléculas, como la glucosa, sirven para detectar la diabetes, hay otras sustancias que se liberan cuando una persona está padeciendo dolor y avisan de que está ocurriendo algo en el interior del organismo.
A lo largo de los últimos años la literatura científica ha determinado varias proteínas relacionadas con la intensidad del dolor en saliva. De todas ellas, el estudio propone el uso de dos -denominadas SIgA y sTNF-RII- debido a su alta reproducibilidad y a su capacidad de asociarse a situaciones dolorosas. Al contrario que estas dos sustancias, hay otras, como el cortisol, que están vinculadas al dolor, “pero también a otros procesos como el estrés, lo que las hace peores candidatas porque pueden llevar a equívocos”, explica la investigadora principal, Mª del Pilar Carrera González.

Según la OMS, actualmente existen 47 millones de personas con demencia. 

Este nuevo método, cuya metodología ha sido recientemente publicada en la revista médica BMJ, “se ha posicionado como una herramienta prometedora, económica y no invasiva”, destaca la investigadora Vanesa Cantón. No obstante, el proyecto, financiado por la Junta de Andalucía, y en el que también participan María Teresa Moreno, José Manuel Quesada y Manuel Rich, aún continúa en fase de desarrollo.
Si bien el estudio está orientado a personas con demencia avanzada, uno de los grupos más subdiagnosticados, las autoras de la investigación no descartan que también pueda ser útil para otros colectivos, como nenonatos o personas que han sufrido un ictus y en las que la comunicación verbal no es eficaz. Este nuevo protocolo, por lo tanto, podría ayudar a eliminar la incertidumbre que menudo rodea a los familiares de este tipo de pacientes y, sobretodo, a diagnosticar un dolor sufrido en silencio que, por distintas circunstancias, no puede comunicarse.

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