Las medidas de prevención y gestión del suelo son claves para reducir el riesgo de inundaciones
Las inundaciones no dependen únicamente de la cantidad de lluvia, sino también de la capacidad del suelo y de las infraestructuras para absorber y evacuar el agua. Así lo ha indicaco Antonio Jordán, profesor del Departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla. Sistemas de drenaje, cobertura vegetal, aterrazamientos, zanjas de infiltración y mantenimiento de canales son algunas de las prácticas que, combinadas, recomienda para minimizar su impacto.
Fuente: Universidad de Sevilla
Las lluvias intensas son cada vez más frecuentes en el contexto del clima mediterráneo y del cambio climático y llevan asociadas un riesgo de inundaciones y procesos de erosión. Por este motivo, las medidas de prevención y gestión del suelo son importantes, tal como señala el profesor Antonio Jordán, investigador del Departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla.
Mantener una cubierta vegetal permanente, aplicar técnicas de laboreo mínimo, mejorar la estructura del suelo mediante materia orgánica y diseñar adecuadamente aterrazamientos -modificar una ladera inclinada construyendo plataformas horizontales escalonadas- y zanjas de infiltración -excavaciones poco profundas para captar el agua de escorrentía de lluvia- son, a su juicio, medidas clave para frenar la escorrentía y proteger el terreno.
Ante esta situación, el profesor insiste en que la prevención es la herramienta más eficaz, por lo que destaca la necesidad de una gestión integral que incluya el mantenimiento de una cobertura vegetal adecuada, así como de canales y sistemas de drenaje tanto en zonas rurales como urbanas.
Aumentar la capacidad del suelo para retener agua
La combinación de estas prácticas permite aumentar la capacidad del suelo para retener agua, reducir la erosión y minimizar el impacto de las inundaciones, contribuyendo a la sostenibilidad del territorio y a la seguridad de la población.
Según Antonio Jordán, las inundaciones no dependen únicamente de la cantidad de lluvia, sino también de la capacidad del suelo y de las infraestructuras para absorber y evacuar el agua.
La distribución irregular de las precipitaciones en el sur peninsular provoca respuestas muy diferentes del territorio ante un mismo episodio de lluvia. Zonas montañosas con suelos poco profundos se saturan con rapidez, mientras que áreas agrícolas con suelos arcillosos favorecen la escorrentía superficial. Esta combinación hace que, durante episodios intensos, el agua circule rápidamente hacia cauces y zonas bajas, aumentando el riesgo de desbordamientos.
La estructura del suelo, determinante
Para el investigador de la Universidad de Sevilla, la textura y la estructura del suelo son factores determinantes. Los suelos compactados o con alto contenido en arcilla limitan la infiltración y favorecen la acumulación de agua en superficie. A ello se suma el fenómeno del sellado superficial, muy común en suelos mediterráneos, que puede generar capas casi impermeables en cuestión de minutos durante lluvias intensas.
En opinión de Jordán, los incendios forestales recientes agravan este escenarioal dejar el suelo desprotegido frente a la lluvia. La pérdida de vegetación y la alteración de la superficie del terreno reducen drásticamente la infiltración, incrementan la escorrentía y aceleran la erosión, lo que multiplica el riesgo de inundaciones repentinas en áreas próximas a zonas quemadas.
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