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Un proyecto de ciencia ciudadana confirma la viabilidad de aplicar abono de lombriz en huertos urbanos

El alumnado del IES Híspalis de la capital ha demostrado que el fertilizante producido por las lombrices consigue buenos resultados en las parcelas de cultivo ecológico del Parque de Miraflores (Sevilla) y ayudaría a reducir los propios residuos de los cultivos en un proceso de economía circular. La comunidad educativa del centro, la Fundación Descubre, la Diputación de Sevilla y la asociación del Huerto Urbano de Miraflores se alían en esta iniciativa que se enmarca en el programa ‘Andalucía, mejor con ciencia’, impulsado por la Fundación Descubre y financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación


Sevilla |
23 de mayo de 2023

El proyecto ‘Vermi: para un mundo más sostenible, la lombriz es increíble’ donde estudiantes del IES Híspalis (Sevilla) han obtenido vermicompost de calidad a partir de los residuos generados de los huertos ecológicos de su barrio para abonar los propios cultivos. Éste es el reto de economía circular que se propusieron al principio de curso y que ha finalizado con una conclusión clara: el abono obtenido al aplicar las lombrices a los residuos orgánicos del Parque de Miraflores, al norte de la capital, es viable para fertilizar las propias parcelas.

Los resultados son tan evidentes que esta iniciativa se ha convertido en el detonante para la elaboración de un trabajo científico en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla y que analizará todos los requisitos técnicos para instalar composteras de gran tamaño en el huerto de Miraflores destinadas a obtener este tipo de abono con el que reciclar el 100% de los residuos de las parcelas y del propio parque.

Equipo participante en el proyecto Vermi, junto con la coordinadora Cristina de la Rosa.

Equipo participante en el proyecto Vermi, junto con la coordinadora Cristina de la Rosa.

Durante toda la mañana, el alumnado participante ha explicado a la comunidad educativa del centro y a los hortelanos esta iniciativa en un stand en el propio centro educativo. En el proyecto, han demostrado a pequeña escala, en el laboratorio de su centro, las ventajas de aplicar este tipo de abono a distintos cultivos hortícolas. Estos análisis controlados, se han trasladado luego a la finca La Albarrana, a una parcela de experimentación donde los resultados han resultado aún más positivos.

De la lombriz al abono

El proyecto arrancó con el objetivo de resolver la creciente producción de residuos vegetales con una solución asequible: la aplicación de lombrices. Estas especies digieren materia orgánica y la excretan en forma de vermicompost, un abono enriquecido y sostenible para abonar los cultivos del propio huerto.

Para ello, el alumnado ha seguido el método científico de la mano de la investigadora de la Universidad de Sevilla y asesora científica del proyecto, Itziar Aguirre Jiménez. Comenzaron analizando la especie, siguieron con el proceso de producción de vermicompost y, por último, han evaluado cómo este abono sostenible incide en cultivos concretos.

Alumnos participantes en el proyecto en un momento de los ensayos.

En todos ellos, la aplicación de vermicompost tiene un efecto positivo. En el laboratorio del centro, plantaron maceteros con pimientos, calabacín, berenjena y tomate, por duplicado. En uno se añadió sustrato comercial y al otro vermicompost. Cada semana iban midiendo la altura de la planta y tomando fotografías. “Desde la primera semana, las muestras con vermicompost crecían un mínimo de 2 o 3 centímetros más respecto a las otras, con lo que el efecto del fertilizante se aprecia desde el inicio. Al mes, en el pepino se veía una diferencia de 20 centímetros. Además, las plantas que tenían vermicompost dieron fruto antes y crecieron más rápido”, detalla la coordinadora del proyecto en el centro, Cristina de la Rosa.

Estos datos coinciden con los que maneja en su centro de investigación a diario la asesora científica del proyecto, Itziar Aguirre. “El vermicompost es un fertilizante de gran calidad que se aplica a cultivos de alto valor añadido, como hortalizas o jardinería, dado su precio”, detalla.

Sin embargo, en este proyecto ha servido para reutilizar restos orgánicos de los hogares de los estudiantes. “Ha supuesto una menor generación de residuos, el compuesto que se extrae de lombrices es óptimo para las plantas y el método es viable para reproducirlo a gran escala junto con los hortelanos”, anticipa la investigadora.

Producción exigente

Aguirre valora el trabajo científico que ha acometido el alumnado en la producción del abono. “Las lombrices son una especie muy exigente, nos tenemos que ajustar a sus condiciones vitales: una temperatura por debajo de 32 grados y unos niveles de humedad del 80%. Ellos han podido comprobar cómo afecta la elevación térmica que supone el cambio climático en sus experimentos de laboratorio”, relata.

Aún así, en el ensayo a mayor escala de la finca Albarrana, esos factores limitantes no han influido con lo que han conseguido unas tasas de reproducción elevadas, en las que la población se ha multiplicado por 7 en tres meses.

Experimentos en el laboratorio del centro educativo.

Estos resultados han servido de base para un trabajo académico que se está desarrollando en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla y que proporcionará a los hortelanos todas las claves para instalar composteras en el huerto de Miraflores. “Un faro agroecológico al que mirar desde otros parques y huertos urbanos de Sevilla”, insiste Aguirre.

Ventajas educativas y sociales

Esta iniciativa se enmarca dentro de la denominada ciencia ciudadana. “Se trata de una nueva forma de generar conocimiento científico donde la metodología involucra a la sociedad en el proceso científico para proporcionar resultados. En este proceso activo y participativo trabajan de forma coordinada la comunidad educativa y científica, junto con agentes sociales”, detalla la responsable de comunicación del programa de la Fundación Descubre, Carolina Moya.

En la vertiente educativa, el alumnado tiene la oportunidad de trabajar el método científico no desde la teoría, sino en la práctica. Comprobando cómo puede cambiar la hipótesis el ensayo-error propio de la práctica científica diaria.

Alumnado y hortelanos durante los experimentos en la finca La Albarrana.

En cuanto a los beneficios sociales, el proyecto supone una colaboración intergeneracional donde los jóvenes se implican junto con personas mayores para aprender sobre técnicas y tipos de cultivo o tareas de abonado y reutilización de residuos.  “A la vez, los estudiantes se sienten empoderados al poder trasladar a los hortelanos los resultados que han comprobado ellos mismos”, recalca De la Rosa.

Asimismo, la comunidad participante en Vermi ha participado en experiencias divulgativas como la Feria de la Ciencia de Sevilla. En este foro, diseñaron una gincana donde los asistentes participaron en juegos como una ruleta de preguntas o un tablero de imágenes sobre el objeto de su estudio: las lombrices.

Andalucía, mejor con ciencia

La comunidad educativa del centro, la Fundación Descubre, la Diputación de Sevilla y la asociación del Huerto Urbano de Miraflores se alían en esta iniciativa que se enmarca en el programa ‘Andalucía, mejor con ciencia’, impulsado por la Fundación Descubre y financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía. Este programa de ciencia ciudadana ha sido seleccionado como práctica inspiradora por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Alumnado del IES Híspalis de Sevilla participante en el proyecto Vermi.

Alumnado del IES Híspalis de Sevilla participante en el proyecto Vermi.

Hasta el momento, el programa regional ha contado con 23 proyectos de mejora del entorno en comunidad, 4 de ellos desarrollados en la provincia de Sevilla.

Enlace a la web del proyecto: https://andaluciamejorconciencia.fundaciondescubre.es/vermi-la-lombriz-es-increible/es/


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